domingo, 24 de noviembre de 2013

Una cultura apropiada para la mujer salvaje




"Aunque el exilio tenga aspectos negativos, la psique salvaje lo puede soportar, pues acrecienta nuestro anhelo de liberar nuestra verdadera naturaleza y nos induce a desear una cultura acorde con ella. El anhelo y el deseo hacen por sí solos que una persona siga adelante. Hace que una mujer siga buscando y, en caso de que no logre encontrar una cultura apropiada, hace que ella misma se la construya. Lo cual es muy bueno, pues, si la construye, un día aparecerán misteriosamente otras mujeres que llevaban mucho tiempo buscando y proclamarán con entusiasmo que era eso lo que tanto ansiaban encontrar."

Clarissa Pinkola Estés - "Mujeres que corren con los lobos"

Volver a creer en una madre...



"Volver a creer en una madre de la cual toda la creación surge y se sustenta y hacia la cual retornaremos al final de nuestro ciclo en la tierra, trae a nuestra conciencia el valor de ser mujer. Convertirnos en una de sus sacerdotizas nos tranforma en mujeres poderosas y completas."

Sandra Román

Abrazando a la Madre

RITO: SANACIÓN DE LA RUPTURA MADRE/HIJA
Maureen Murdock

“El viaje heroico de la mujer. Etapas y claves del proceso femenino”



"Este rito se centra en el restablecimiento de la relación que existe entre tu madre y tú (o entre tu hija y tú). Puedes celebrar este rito sola o con un grupo de mujeres que también estén comprometidas en la sanación de su ruptura madre/hija. Si no tienes un grupo de mujeres, pide el apoyo y la presencia de una amiga íntima. Cuando te decidas a celebrar este ritual, no sólo manifiestas la intención de restablecer tu relación con tu madre sino que también te autoinvitas a alinearte con lo que se necesita para sanar la ruptura presente en el interior de tu naturaleza femenina.

Pon un bonito altar de flores, una vela y una imagen o una figura de la Diosa para honrar tu relación con tu madre. Busca una fotografía de tu madre o cualquier objeto que ella te haya dado y que colocarás más tarde, durante el desarrollo del ritual, en el altar. Al empezar el ritual, invoca la guía y la sabiduría de la Madre Diosa.

Tanto si alguna vez te has sentido querida, aceptada, protegida, alimentada y bien recibida por tu madre, como si te has sentido rechazada, abandonada y criticada; tanto si tu madre ha estado presente como ausente, si ha podido tocarte o no, vas a realizar este ritual para honrar a tu madre de forma que llegues a conseguir aceptar, al menos parcialmente, quién es o quién fue en tu vida.

De algún modo, tu madre lo hizo lo mejor que pudo teniendo en cuenta su propio ambiente familiar, el momento histórico que le tocó vivir, su sentido maternal o su carencia del mismo, su salud, su situación económica, estado civil, lo que le estaba socialmente permitido como mujer, y el apoyo que recibió para ser una buena madre, tanto de su esposo como de la cultura a la que perteneció.

Rinde honor a su fuerza, su sabiduría y su capacidad de entendimiento, y agradécele el haber elegido que nacieras.
(Puede que en este momento no te sientas con fuerzas para hacerlo, pero de lo que se trata en este momento es de abrir el corazón para que puedas creer que tu madre hizo las cosas lo mejor que supo.)

Al realizar este rito vas a curar las heridas de tu madre a la vez que las tuyas, de forma que ya no te vuelva a acompañar la idea de tu madre unida a una sensación de dolor, sino que a partir de ahora puedas empezar a sentir ante esa idea la luz de tu madre.

Piensa qué es lo que necesitas conseguir a través de este rito para mejorar tu relación con tu madre. Por ejemplo, si necesitas comprenderla, perdonarla, sentirte responsable de ella, aceptarla, sacar algún aspecto de ella que ella haya mantenido oculto, llorar su pérdida, dejarla ir, pedirle a ella que te deje marchar…

Coloca el objeto o la fotografía en el altar y ve enunciando en voz alta la línea femenina de tu genealogía. Por ejemplo, yo tendría que decir: “Soy Maureen Elizabeth, nieta de Julia Frances Virginia Dunn, hija de Julia Frances Virginia, hermana de Rosemary Teresa, madre de Heather y Brendan”.

Si otras mujeres toman parte de este rito haz una breve semblanza de tu madre. Después, dirígete directamente a tu madre y cuéntale qué es lo que aprecias de ella. Cuando hayas terminado, enciéndele una vela, bendícela y deja que se vaya".

viernes, 20 de septiembre de 2013

ORACIÓN DE LA DIOSA - Starhawk



"Yo, que soy la belleza de la verde tierra y la blanca Luna entre las estrellas y los misterios de las aguas, llamo a tu alma para que se levante y venga a mí, pues soy el alma de la naturaleza que da vida al universo. Todas las cosas de mí proceden y a mi deben retornar. Considerando que todos los actos de amor y placer son mis rituales, permitan mi veneración en el corazón que se regocija. Permitan que haya en vosotros belleza y fuerza, poder y compasión, amor y humildad, gozo y reverencia. Tu que anhelas conocerme, debes saber que tu búsqueda no será provechosa a menos que conozcas el misterio: Si lo que buscas no lo encuentras en ti, nunca lo hallarás fuera... Yo he estado contigo desde el comienzo y soy el logro final de tus deseos."

"La carga de la Diosa" Starhawk

Imagen: Judith Way

El poder espiritual de la mujer - Diane Stein



"La espiritualidad de las mujeres es un creciente reconocimiento de la diosa como Planeta, como la Tierra misma y de las mujeres como parte de la Tierra y su ser divino.

La diosa es todo lo creativo, todo lo que existe en la naturaleza y en las vidas de las mujeres, incluyendo cada una en su "ser", conocimiento y auto-poder. Ella es el círculo compartido de nacimiento, madurez, muerte y regeneración en toda vida, el cambio de las estaciones, la Luna creciente, menguante y llena, las mareas diarias y la salida y puesta de Sol; es la alegría infantil, los primeros períodos, enamorarse y dar nacimiento, maternidad y menopausia, vejez y muerte. Representa interminables círculos creados a elección-movimiento, crecimiento y cambio celebrado por mujeres y reflejado en sus vidas individuales y comunales.

La diosa no es una fuerza que se encuentra entre las estrellas lejanas o más allá de la muerte, está viviendo aquí y ahora. Ya que la diosa está en el interior de todos y en todo lo que nos rodea, los poderes de divinidad y creación son individuales y a la vez compartidos por todos: Ella tiene el poder de crear las vidas que las mujeres deseen. Con el principio "tu eres diosa", las mujeres se hacen cargo de lo que son y lo que hacen, sin sentimiento de culpa, pero con la responsabilidad de sus elecciones y acciones."

"El poder espiritual de la mujer" Diane Stein

Imagen: Jeanne Fry

Existe una niña dentro de cada mujer



“Existe una niña dentro de cada mujer que si no hubiera sido condicionada y limitada, tendría la fuerza suficiente para integrar, más tarde, la llegada de lo femenino perenne con sus ciclos. Este es el arquetipo de la IDENTIDAD FEMENINA PRIMORDIAL, y solo esta energía integrada puede hacer que la mujer adulta sea más tarde auténtica, nuestra niña interna:

• NO TIENE LÍMITES EN LOS ANHELOS Y LOS OBJETIVOS

• PARA ELLA ¡TODO ES POSIBLE!• ESTÁ LIBRE DE CONVENCIONES

• ES PORTADORA DE SUEÑOS E ILUSIONES

• ES IMPULSORA DE ALEGRÍA

• CREADORA DE MUNDOS INTERNOS

• ES LA DUEÑA DE SU DESTINO

• ES LA PROTAGONISTA DE SU PROPIA EXPERIENCIA

• VIVE EL IMPULSO DE SALTAR, DE CORRER, DE SER LIBRE.

• SE CENTRA EN SÍ MISMA EN VEZ DE AGRADAR A LOS DEMÁS....

y ¡ está viva!.”


Guadalupe Cuevas



Imagen: Jeanne Fry

El Rostro Femenino de Dios



"Por mi propia experiencia y la de las mujeres con las que trabajo, estoy convencida de que nuestra sanación y la recuperación de nuestro Poder avanzan y se profundizan cuando el rostro de Dios se parece al nuestro; cuando nos imaginamos a Dios a imagen y semejanza nuestra. La evolución del rostro de una Diosa Madre va ocurriendo a lo largo del tiempo. Es un camino esencial hacia el autoamor, la confianza en nosotras mismas y la fuerza interior de nuestro poder de mujeres.

El camino hacia el Rostro Femenino de Dios requiere el exorcismo de los viejos nombres y rostros, y la adopción de alternativas que afirman a la Mujer. Estas nuevas imágenes son portadoras de sanación, y a medida que nos sumergimos en ellas, también nos encontraremos con el odio a nosotras mismas.

"Nuestra heridas más profundas las sana una Diosa que se parece a nosotras".

- El mito del pecado original que nos convenció de que las mujeres somos malas.
- El mito de la necesidad de un salvador masculino que nos convenció de que las mujeres somos dependientes.
- El mito de un Dios exclusivamente masculino que nos convenció de la inferioridad de las mujeres.

Estos mitos están profundamente vinculados con la literatura religiosa, la educación y los rituales de nuestra infancia. Han ido pasando de una generación de mujeres a otra. Con la ayuda de mujeres valerosas nos liberaremos de los efectos limitantes de estos mitos y recuperaremos nuestra Bondad Original, Poder y Divinidad.

A medida que nos permitamos sentir lo que ellas, las mujeres de la antigüedad, sintieron descubriremos nuestras propias heridas. Veremos cuan profundamente nos han afectado las historias y mitos religiosos que cautivaron nuestra imaginación. En estos relatos los cuerpos y los procesos naturales de las mujeres fueron denigrados por los tabúes religiosos y culturales. Mucho después de haber descartado un conjunto dado de mitos y creencias religiosas, seguimos estando envenenadas silenciosamente por los tabúes que abarcan nuestras funciones naturales: menstruación, parto y menopausia. De la primera y de la ultima no se habla, y el parto apenas si tenemos poder sobre el.

La ausencia de mujeres en la historia religiosa que se nos enseñó y la denigración de nuestro procesos naturales han hecho imposible que nos imaginemos a nuestras madres como Dios, a nuestras hijas como salvadoras, y a nuestras abuelas como oficiantes de rituales sagrados. Esta es nuestra herida más profunda: no podemos imaginar a un Dios que se parezca, actúe, sangre y envejezca como nosotras. Los comportamientos ineficaces que nos llevan a la consulta del terapeuta, a los círculos de mujeres y a las comunidades de recuperación surgen todos de esta herida.

Patricia Lynn Reilly. "Un Dios que se parece a mí"
Foto: El Rostro Femenino de Dios

Por mi propia experiencia y la de las mujeres con las que trabajo, estoy convencida de que nuestra sanación y la recuperación de nuestro Poder avanzan y se profundizan cuando el rostro de Dios se parece al nuestro; cuando nos imaginamos a Dios a imagen y semejanza nuestra. La evolución del rostro de una Diosa Madre va ocurriendo a lo largo del tiempo. Es un camino esencial hacia el autoamor, la confianza en nosotras mismas y la fuerza interior de nuestro poder de mujeres.

El camino hacia el Rostro Femenino de Dios requiere el exorcismo de los viejos nombres y rostros, y la adopción de alternativas que afirman a la Mujer. Estas nuevas imágenes son portadoras de sanación, y a medida que nos sumergimos en ellas, también nos encontraremos con el odio a nosotras mismas.

"Nuestra heridas más profundas las sana una Diosa que se parece a nosotras".

- El mito del pecado original que nos convenció de que las mujeres somos malas.
- El mito de la necesidad de un salvador masculino que nos convenció de que las mujeres somos dependientes.
- El mito de un Dios exclusivamente masculino que nos convenció de la inferioridad de las mujeres.

Estos mitos están profundamente vinculados con la literatura religiosa, la educación y los rituales de nuestra infancia. Han ido pasando de una generación de mujeres a otra. Con la ayuda de mujeres valerosas nos liberaremos de los efectos limitantes de estos mitos y recuperaremos nuestra Bondad Original, Poder y Divinidad.

A medida que nos permitamos sentir lo que ellas, las mujeres de la antigüedad, sintieron descubriremos nuestras propias heridas. Veremos cuan profundamente nos han afectado las historias y mitos religiosos que cautivaron nuestra imaginación. En estos relatos los cuerpos y los procesos naturales de las mujeres fueron denigrados por los tabúes religiosos y culturales. Mucho después de haber descartado un conjunto dado de mitos y creencias religiosas, seguimos estando envenenadas silenciosamente por los tabúes que abarcan nuestras funciones naturales: menstruación, parto y menopausia. De la primera y de la ultima no se habla, y el parto apenas si tenemos poder sobre el.

La ausencia de mujeres en la historia religiosa que se nos enseñó y la denigración de nuestro procesos naturales han hecho imposible que nos imaginemos a nuestras madres como Dios, a nuestras hijas como salvadoras, y a nuestras abuelas como oficiantes de rituales sagrados. Esta es nuestra herida más profunda: no podemos imaginar a un Dios que se parezca, actúe, sangre y envejezca como nosotras. Los comportamientos ineficaces que nos llevan a la consulta del terapeuta, a los círculos de mujeres y a las comunidades de recuperación surgen todos de esta herida."

Patricia Lynn Reilly. "Un Dios que se parece a mí"