domingo, 19 de julio de 2015

CURSO DE TAROT TERAPÉUTICO Teórico-Vivencial / Próximo comienzo: setiembre 2015

 

Descripción: Un espacio para aprender tarot a través de mitos, arte, historia, astrología, cábala, numerología y psicología arquetípica.

Objetivo: Hacer del aprendizaje una experiencia transformadora.

Dirigido a: Terapeutas, psicólogos, artistas, profesionales y/o a cualquier persona con o sin conocimientos.

Metodología: El método es adivinatorio-terapéutico. Adivinatorio porque se aprende a anticipar los acontecimientos futuros así como a integrar pasado y presente en la lectura. Terapéutico porque el fin del Tarot es orientar al consultante en la búsqueda de su camino, curar sus heridas, brindar apoyo psicológico y espiritual, ir a las raíces de los problemas para salir adelante con una perspectiva renovada y positiva.

El aprendizaje es sanador para el propio alumno, funciona como un viaje al inconciente, una escalera hacia el crecimiento espiritual. El alumno va haciendo un proceso interno en relación a las cartas que tiene como resultado el desarrollo de la intuición. La modalidad es tanto teórica como vivencial, utilizamos ejercicios prácticos, técnicas de imaginación activa, prestando atención a las sincronicidades que van surgiendo a lo largo del curso para una comprensión más profunda de los arquetipos.

La dinámica de trabajo ofrece al aprendiz una visión más objetiva de sus propias creencias, miedos y patrones de comportamiento para evitar proyecciones nocivas en las consultas. Este taller de tarot enriquecerá al estudiante propiciando cambios internos y externos, lo ayudará a integrar sus polaridades. La mejor vinculación entre conciente e inconciente y entre los planos físico y psíquico repercutirá en relaciones afectivas más plenas.

Como dice Christian Ortiz: "El tarot no te va a decir nada que ya no sepas. Lo único que hace es ordenarlo en una forma de lenguaje óptico y evocativo para que tu ordenes tu energía, la concientices y la lleves a los lugares más constructivos para tu proceso." . Se trata de una herramienta excelente -legado de antiguas civilizaciones- para lograr la realización de nuestras metas personales.





Comienzo:  setiembre de 2015

Frecuencia: Una vez por semana dos horas promedio cada vez. El día y la hora será a convenir entre aquellas personas interesadas en inscribirse al curso.

Duración: Ocho meses

Zona: Parque Batlle

Modalidad: El curso es presencial y grupal

Para reservar tu vacante escribí a tallerladiosa@gmail.com con tu nombre completo más teléfono y celular para ubicarte

domingo, 24 de mayo de 2015

CURSO DE TAROT TERAPÉUTICO - Próximo comienzo: 3 de julio de 2015

 Descripción: Un espacio para aprender tarot a través de mitos, arte, historia, astrología, cábala, numerología y psicología arquetípica.

Objetivo: Hacer del aprendizaje una experiencia transformadora.

Dirigido a: Terapeutas, psicólogos, artistas, profesionales y/o a cualquier persona con o sin conocimientos.

Metodología: El método es adivinatorio-terapéutico. Adivinatorio porque se aprende a anticipar los acontecimientos futuros así como a integrar pasado y presente en la lectura. Terapéutico porque el fin del Tarot es orientar al consultante en la búsqueda de su camino, curar sus heridas, brindar apoyo psicológico y espiritual, ir a las raíces de los problemas para salir adelante con una perspectiva renovada y positiva.

El aprendizaje es sanador para el propio alumno, funciona como un viaje al inconciente, una escalera hacia el crecimiento espiritual. El alumno va haciendo un proceso interno en relación a las cartas que tiene como resultado el desarrollo de la intuición. La modalidad es tanto teórica como vivencial, utilizamos ejercicios prácticos, técnicas de imaginación activa, prestando atención a las sincronicidades que van surgiendo a lo largo del curso para una comprensión más profunda de los arquetipos.

La dinámica de trabajo ofrece al aprendiz una visión más objetiva de sus propias creencias, miedos y patrones de comportamiento para evitar proyecciones nocivas en las consultas. Este taller de tarot enriquecerá al estudiante propiciando cambios internos y externos, lo ayudará a integrar sus polaridades. La mejor vinculación entre conciente e inconciente y entre los planos físico y psíquico repercutirá en relaciones afectivas más plenas.

Como dice Christian Ortiz: "El tarot no te va a decir nada que ya no sepas. Lo único que hace es ordenarlo en una forma de lenguaje óptico y evocativo para que tu ordenes tu energía, la concientices y la lleves a los lugares más constructivos para tu proceso." . Se trata de una herramienta excelente -legado de antiguas civilizaciones- para lograr la realización de nuestras metas personales.





Comienzo: viernes 3 de JULIO de 2015

Frecuencia: Una vez por semana, los viernes de 16:30 a 18.30 hs. dos horas promedio cada vez
Duración: Ocho meses  (comenzamos en julio y vamos hasta fin de año, durante enero hacemos una pausa, retomamos en febrero y terminamos a fines de abril del 2016)
Zona: Parque Batlle

Modalidad: El curso es presencial y grupal

Para reservar tu vacante escribí a tallerladiosa@gmail.com con tu nombre completo más teléfono y celular para ubicarte

sábado, 23 de mayo de 2015

CARTA ABIERTA DE UN VARÓN A OTRO VARÓN - Por Sergio Sinay

"Querido congénere:
Me preguntarás desde dónde hablo, qué derechos me arrogo. Cuál es mi púlpito. Me identifico. Soy un varón de este mundo, de este tiempo. Un marido, un padre, un profesional. Un hombre que ha vivido ya más de la mitad de su vida y ha experimentado todos los mandatos del paradigma.
Soy un hombre harto de estos hombres. Un hombre que tiene con ellos una cuestión personal, porque degradan mi sexo. Soy un hombre al que le duelen los tiempos que vive. Un hombre que tiene la visión de un mundo compasivo y fraternal, inclusivo, enriquecido por la diversidad, fecundo. Un hombre harto que sospecha no ser el único hombre harto.
Esta carta no podía tener otro destinatario que no fueras vos. Nadie podría entender mejor de qué hablo, qué quiero decir. Querido congénere, vos y yo, varones ambos, estamos en peligro de extinción. Así como nos mandaron a vivir nuestras vidas de hombres, así como nos mandaron relacionarnos con las mujeres, con nuestros hijos, con las cosas, con los seres, con el mundo, así no va más.

Te quiero contar cosas que escucho, que siento, que pienso, que vivo y que veo, cosas que nos involucran y que, quizás, no ignoras y te preocupan tanto como a mí. Veo mujeres tristes, desalentadas, resignadas a no encontrarse emocionalmente con nosotros, a no contarnos como compañeros de vida, digo como verdaderos compañeros de vida, como hombres dispuestos a explorar con ellas los espacios desconocidos del afecto, a confiar en que nuestras diferencias nos enriquecerán, dispuestos a mirarlas con cariño, con ternura, con humor, además de con deseo. Veo mujeres que no nos entienden ni se sienten entendidas por nosotros, mujeres que han hecho hasta lo imposible por comunicarse (y debo decirte querido congénere, que a menudo hacen de más, se ponen demasiado ansiosas, sofocan, se adelantan a nuestros tiempos). Han hecho hasta lo imposible guiadas por la mejor, la más amorosa de las intenciones. Y hoy a muchas las veo y escucho resignadas a convivir con hombres que siempre serán extraños y lejanos o, directamente, a prescindir de ellos. Muchas mujeres prefieren compartir su tiempo con otra u otras mujeres: reciben más afecto, más comprensión, más compañía (aunque le falte el tipo de compañía, comprensión y afecto masculinos que tienen otra energía, otra vibración, no opuesta sino complementaria). Hay mujeres a las cuales empezamos (sólo empezamos) a resultarles prescindibles. Y si prescinden de nosotros, ellas estarán sin hombres, pero los que estaremos verdaderamente solos seremos nosotros, te lo aseguro. Nosotros, los varones sabemos muy poco, o nada, de estar solos, salvo en las trincheras o arriba de un ring. Y aún así, nos damos el dudoso lujo de aislarnos.

Por las dudas, te lo aclaro: cuando digo que las mujeres acabarán prefiriendo estar con mujeres, no hablo de sexo. Lo aclaro porque sé que los varones sabemos poco de intimidad, simplificamos y nos confundimos. Estarán juntas de un modo que nosotros no sabemos estar entre nosotros. Espero que entiendas. Y si no, hermano, espero que empieces a aprender a entender.

Veo y oigo, también, a muchos hijos desalentados. Ya no hacen más esfuerzo por acercarse a sus padres, ya no esperan que sus padres se acerquen a ellos, quiten el candado de la distancia emocional, compartan sentimientos, sensaciones. Ya no esperan que sus padres se interesen de verdad por lo que a ellos o ellas (hijo, hija) les pasa, ya no aspiran a ser revalidados por la amorosa y firme mirada paterna. No sé si te ocurre, no sé si te ha tocado, pero he sido testigo u oyente de muchas palabras de hijos desalentados. Dicen cosas como “A mi viejo no vale la pena pedirle nada, nunca tiene tiempo, siempre está ocupado”. O dicen: “Me hubiera gustado verlo en la entrega de diplomas, me hubiese gustado que estuviera allí (y no en una reunión o jugando al tenis o llevando el coche al taller) el día que traje a mi novia por primera vez a casa”. O dicen: “Me gustaría no sentir este silencio incómodo cuando nos quedamos solos. Me gustaría que me mire a los ojos cuando me habla. Me gustaría que no opine sobre todo lo que digo. Me gustaría que me escuche sin juzgarme. Me gustaría que alguna vez me prohíba algo y me lo explique, así puedo aprender. Me gustaría que no me trate como a un amigo, que no se haga el pendejo, que no me robe mi manera de hablar; necesito sentir que es mayor que yo, que tiene otra experiencia, que sabe cosas que no sé, que podré confiar en él si me pierdo. Y así, con un padre pendejo, no puedo. Y paso vergüenza ante mis amigos, porque encima no funciona como pendejo”.

Muchos de esos hijos, hermano varón, ya no buscan a sus papás, se han resignado a perderlos emocionalmente o a tenerlos sólo como proveedores. Y eligen como confidente a mamá. Ella, que nunca fue varón, que no se siente como varón, que carece de experiencia de varón, tiene que explicarles desde qué hacer con una chica (¡yo tampoco lo creía hasta que fui testigo varias veces!), hasta como enfrentar una situación temida. Para esos hijos pronto seremos prescindibles. Ellos se quedarán, funcionalmente, sin padre, les será doloroso pero seguirán adelante con su vida, aprenderán a ser hombres de alguna manera, acaso sean buenos hombres. Los que nos vamos a quedar de veras solos somos nosotros.

No sé si te pasa, no sé si lo sientes, observo cada vez más hombres que desconfían de otros hombres, que los ven como enemigos, como obstáculos, o a lo sumo los ven como instrumentos, como medios. “Este tipo me sirve o no me sirve, lo tengo que cuidar o lo tengo que cagar”. Escucho eso, lo escucho con una frecuencia que me alarma. Pasa en las empresas, en la política, en la vida social, en los clubes, en las agrupaciones profesionales. Veo cada vez más hombres enceguecidos por la ambición, a los que no les importa qué precio (moral, en salud, en dinero, o reputación) hay que pagar para tener. Tener, ésa es la palabra, hermano varón. Tener poder, mujeres, plata, casa, cosas (no importa qué cosas: cosas). Cuando hay tan poca solidaridad, tan poca empatía, tan poca camaradería entre los varones estamos mal, hermano varón. Nos quedaremos solos, solos entre nosotros, solos y en guardia, solos y enfermos.

Cada vez veo más hombres deprimidos, hombres que no duermen, hombres que parecen pastilleros ambulantes (viagra, alopidol, alplax, clorazepán, ansiolíticos, sedantes, antiácidos, antiinflamatorios, analgésicos, farmacias que caminan), hombres que desoyen todos los síntomas con que sus cuerpos les hablan, hombres con dolores, con malestares físicos o emocionales a los que prefieren no atender. Morimos antes de tiempo o llegamos estropeados a nuestra vejez. Necesitamos, para nosotros y para otros, llegar vivos a la hora de nuestro final, con capacidad para convertir nuestras experiencias en sabiduría y para hacer de nuestra sabiduría una herramienta al servicio de nuestros afectos y nuestro mundo. Pero la gran mayoría de nosotros estamos llegando vacíos, sin nada para transmitir, habiendo acumulado vivencias como quien junta fotos, pero sin haberlas transformado en algo trascendente.

Así no va más, hermano varón, querido congénere. Con nuestra violencia, con nuestra ausencia de perdón, de comprensión, de flexibilidad, estamos destruyendo el mundo. Digo nosotros, digo los varones, no es un “nosotros” abstracto. Digo los hombres (no digo “la humanidad”), los que tenemos pito y voces gruesas y pelos en todas las partes (a veces no en la cabeza). ¿Se entiende, muchacho? Digo que los varones, con nuestro maldito mandato machista, ya hemos mucho daño y ya nos hemos hecho mucho daño a nosotros. Así, no va.

Seremos prescindibles para las mujeres. ¿Quien nos hizo creer que estarán siempre a nuestros pies, muertas por nuestros pitos? Seremos prescindibles para nuestros hijos. La paternidad biológica es solo un dato, un accidente, hay que darle sentido, llenarla de contenido. Prescindimos entre nosotros el uno del otro, apenas nos usamos. Así no se construyen vínculos fraternales y fecundos. Ya hay mujeres (narcisistas si querés, egoístas si te parece, estoy de acuerdo) que nos usan de padrillos, a veces sin que los sepamos, para tener hijos y librarse de tener maridos. Ya hay fecundación in vitro. Y si la clonación avanza (Dios no permita que esos locos omnipotentes lleguen a cumplir, invocando a la ciencia, sus sueños demenciales) bastará con una célula materna para crear un hijo. Y no seremos necesarios ni como sementales. Será el ominoso final de un modelo que nos hizo creer invulnerables, poderosos y ganadores. ¿Qué ganábamos, querido congénere?

¿De veras no estás un poco harto de tener que demostrar todo el tiempo que tenés huevos? ¿Qué quiere decir tener huevos? No es algo que elegiste, no es algo que se logra con esfuerzo, con aplicación, con creatividad. Terminémosla con los huevos. La mayoría de nosotros (la penosa inmensa mayoría) ni siquiera sabe qué función cumplen los testículos en nuestro organismo.¿De veras no estás harto de demostrar tu aguante, de bancártela solo? También los burros tienen mucho aguante. Y los bueyes. ¿Hay algo más por lo que destaques? ¿Algo propio, generado desde tu corazón?

¿De veras no estás harto de tener que demostrar a las mujeres el largo y el grosor de tu pene, de tratar de batir récords cuando estás con ellas? ¿No estás harto de ir a la cama con pavor de que tu arma tenga la pólvora mojada? ¿No estás harto de negarlo, lo vas a negar ahora una vez más? Yo soy como vos, de manera que aquí podés ahorrártelo. Y, de paso, ¿no te gustaría saber un poco más acerca de cómo sienten sexualmente las mujeres, de qué les gusta, de qué esperan de vos antes de que empieces con tu exhibición y las dejes afuera? ¿No crees que podés llevarte alguna grata sorpresa al averiguarlo? ¿O para vos no hay nada que aprender? ¿Dónde aprendiste tanto? ¿Te lo enseñó tu papá, o algún hombre mayor sabio, cariñoso, afectuoso y comprensivo? ¿O lo aprendiste de oídas? ¿O pagando a una mujer de la cual no recordás el rostro? ¿De veras no estás harto?

¿De veras no estás harto de mirar de reojo el auto del tipo del lado, y si es más nuevo o potente que el tuyo, salir corriendo a cambiar tu coche para que no crean que sos pobre o que tenés menos poder, o que la tenés más corta?

¿De veras no estás harto de hablar sólo de lo bien que te va, de callarte los dolores, las dudas, las vergüenzas, las dudas? Digo, ¿no estás harto de aparentar, de competir aún de palabra, de tapar, de disimular?

¿De veras no estás harto de tanto chiste machista, de tanto infantilismo acumulado, de tanta simpleza intelectual, de tanto desprecio por las mujeres, por los homosexuales, por los que apuestan a otra vida y a otros vínculos sin que pierdan por eso ni una gota de testosterona? ¿No estás harto, eso quiero decir, de vivir con el culo apretado por el miedo, por el pánico a lo diferente?

¿No estás harto de justificar guerras, matanzas y destrucciones en nombre de la política? ¿No estás harto de callar, por miedo a que te llamen tonto, ingenuo o maricón, tu oposición a la muerte de quien sea, de un palestino, de un libanés, de un judío, de un afgano, de un iraquí, de un serbio, de un croata, de un ruso, de un indio, de un paquistaní, de una mujer, de un chico (de miles y miles de chicos), no estás harto de tu propio silencio e inacción?

¿No estás harto de tener sólo cuatro o cinco temas de conversación (mujeres, política, fútbol, economía, tecnología) temas seguros, donde nunca arriesgarás nada personal, temas protegidos, temas que, a fuerza de ser los único, te alejan de otros temas, de otra gente, del corazón de otra gente (mujeres, hijos, amigos, nuevos seres a conocer) y de tu propio corazón?

¿No estás harto de ser un eterno adolescente, alguien que se niega a entrar en las etapas evolutivas de la vida, alguien que se convierte, mientras pasan los años, en la patética caricatura de un púber y que , por muy macho que se diga, no tiene coraje (o huevos, como te gusta decir) para emprender la aventura espiritual, emocional y cósmica de convertirse en un hombre de verdad, un hombre de los que el mundo, y las mujeres, y nuestros hijos, y los otros amigos, necesitan?Si no estás harto, acaso cuando lo estés ya sea tarde, ya estarás definitivamente solo, ya serás absoluta e irreversiblemente prescindible.

Si no estás harto, formás parte de una especie en extinción. También los dinosaurios lo eran, aunque no lo supieran, cuando parecían enormes y poderosos. Formás parte de una especie en extinción y no habrá una ONG que esté dispuesta a rescatarte. Otras especies serán prioritarias. Especies que no depredan, que no discriminan, que no asesinan masivamente entre sí, que equilibran el universo.

Si estás harto, el momento de cambiar es ahora. No hay excusas, no hay peros.

Así no va más. Me dirás que sí va, mire quienes gobiernan los países, quienes están al frente de las empresas, quienes rigen el deporte, quienes manejan las finanzas, quienes son los economistas que ven números pero no personas, quienes inventan cada día una guerra para seguir vendiendo armas y robando petróleo mientras invocan causa inexistentes, quienes mandan a morir a los hijos de los otros, quienes intoxican a nuestros hijos con la comida chatarra, televisión chatarra, juguetes chatarra, ideas chatarra, quienes nos hacen creer que moriremos si no tenemos un auto, un plasma, una computadora de ultimísima generación, que seremos poca cosa sin una zapatilla que hasta marca nuestras pulsaciones, quienes manipulan nuestra salud desde las corporaciones farmacéuticas. Miro y los veo. Son hombres insalubres, inoculados e inoculadores de un paradigma tóxico. Y son mayoría. Es cierto. Pero te repito. También los dinosaurios parecían invulnerables, cuando, aunque ellos no lo supieran, ya estaban en extinción. Y, de paso, pido perdón a los dinosaurios por la comparación. Estos hombres no son inocentes como eran ellos. Son imputables. A esta altura de la historia, de las comunicaciones, de la sociología, de la psicología, de la información y del conocimiento, son imputables. No podrán decir que no sabían. En todo caso que digan que les gustaba y les creeremos. No podrán decir que cumplían mandatos. La civilización ha vivido cosas que impiden aceptar esa excusa.

Por eso digo, hermano varón, que si estás harto sólo te queda el camino de empezar a cambiar tus conductas. No tus palabras, no basta con que cambies de discurso. Hay que transformar las acciones, las actitudes, los hechos. Y también las palabras. Quedarte en el discurso te hará imputable. El tiempo es ahora. El lugar es tu casa, tu trabajo, el espacio que compartes con tu mujer (o con las mujeres), con tus hijos, con otros hombres. Es aquí y ahora, cada día en cada lugar. Ya. No te dejes engañar por esa mayoría de hombres que ves. Los varones somos, con el paradigma masculino hegemónico hoy vigente, una especie en peligro de extinción. Y esos tipos son los responsables. ¿Querés ser como ellos? Yo no.
Si también estás harto, nos encontraremos en el camino.Hasta entonces, un abrazo fraterno."

Sergio Sinay - Extracto del libro "La masculinidad tóxica" (2006)

martes, 21 de abril de 2015

ENCUENTRA ALGO QUE TE ENCANTE HACER Y HAZLO TODOS LOS DÍAS


“No preguntes qué es lo que el mundo necesita.
Pregúntate qué es lo que te hace sentir vivo, y hazlo.
Porque lo que el mundo necesita
es gente que se sienta realmente viva.”
          Howard Thurman




Encuentra algo que te encante hacer y hazlo todos los días. Encuentra algo que te motive y no te deje otra alternativa, algo que te sea sumamente fácil, natural, sin la necesidad de tener que “hacer” nada, algo que te haga sentir maravillosamente vivo; algo que te absorba por completo, algo que te haga olvidar el pasado, el futuro y la pesada carga de “tener que ser”, algo que se sienta absolutamente fiel a la esencia de tu ser, algo por lo que valga la pena vivir, algo que implique una conexión profunda, y hazlo. Hazlo todos los días. Busca la manera de poder vivir de ello, de convertir tu vida en una expresión de ello. Recuerda que cuando te enfocas en cierto destino, pierdes de vista el recorrido, que es en donde se encuentra toda la vida. La verdadera satisfacción no proviene de un futuro que tengas que aguardar. La satisfacción real consiste en saber conscientemente lo que eres hoy, en ser eso, en vivir eso, y así es como nacen todos los futuros.
¡Claro! habrán ciertos temores y dudas, los “Peros”, los típicos “No debería” y por supuesto, los “No puedo”.  Sí, se espera que haya miedo y que se pueda abrazar y que se pueda integrar. Sí, la mente dirá… “pero así no harás dinero”, y la mente dirá… “eso no te brindará seguridad”, y la mente dirá… “te estás engañando a ti mismo”, y la mente dirá… “no lo lograrás”, y la mente dirá… “¿Pero, qué dirán todos de ti?”, y la mente dirá todo tipo de cosas porque a ella sólo le gusta lo que ya sabe y lo que cree que puede predecir y le da terror el cambio y en última instancia, la muerte. Pero recuerda que tú no eres la mente y que la mente tiene todo el derecho de decir lo que quiera porque no tiene el control de tu propia inmensidad. El miedo no es un obstáculo, la resistencia no puede detener el flujo incesante que crea galaxias y hace a las aves cantar, y todas las objeciones de la mente son sólo objeciones al cambio. Sin embargo, el cambio es la naturaleza de todas las cosas, no el enemigo, y una vida vivida al máximo que termina en un glorioso fracaso es preferible a una vida vivida a medias que termina en un éxito completamente vacío y en piscinas atascadas de dinero que se hizo sin amor.
Entonces, ¿qué es el éxito? El éxito no se trata de cuánto dinero tenga uno en la cuenta de banco, eso ya lo sabemos. No es una lista de logros y premios y reconocimientos, no es la cantidad de títulos ni certificados colgados en una pared, no se trata de la cantidad de clientes ni seguidores que se tengan, se trata de ese fuego que siente en la barriga, se trata de todo aquello que sale naturalmente desde el corazón a cada momento, y no de cuánto dinero vaya a entrar a los bolsillos en el futuro; se trata de ser uno con la vida, de alinearse con lo que realmente es, es hacer lo que se ama y amar lo que se hace, amarlo tanto que no tenga uno otra opción más que permitir que eso sea, amarlo tanto que las recompensas mundanas se vuelvan algo secundario, incluso si fluyen abundantemente. Sé uno con lo que eres y vive desde esa alineación y conocerás la verdadera prosperidad, como cuando eras joven y no habías aprendido aún cómo conformarte o cómo temer al fracaso.
Hemos confundido el lucro con la prosperidad, el éxito con las estadísticas y hoy en día hay mucha gente que vive para enriquecerse y para conseguir un estatus, sin embargo, se trata de una riqueza vacía, una riqueza amenazada por el miedo, la pérdida y la ruina, en última instancia. Una riqueza que depende de las incontrolables circunstancias externas. Mejor, haz lo que amas, entrega tu vida a ello y sabrás lo que es la verdadera prosperidad, una prosperidad digna de toda tu confianza, más allá de los beneficios económicos, esa prosperidad que ningún tipo de ganancia puede comprar y que ninguna pérdida puede destruir. La mente, que opera en el ámbito de la ganancia y la pérdida, de la causa y el efecto, del tiempo y el espacio, sentirá miedo de la pérdida y la ganancia, de la pérdida de su imagen, de la pérdida de su seguridad y siempre querrá más y más riqueza. Reconoce el miedo y la codicia, no los conviertas en tus enemigos, en cambio, concéntrate en tu prosperidad y en la prosperidad de aquellos que te rodean, concéntrate en aquello que amas, en tu verdad, y no permitas que nada se convierta en una excusa para descuidar tu más profunda vocación, aquello que verdaderamente te impulsa. Haz lo que amas sin distraerte. Sí, podrías perder lo que tienes, lo que crees que es tuyo. Podrías llegar a tener menos dinero que antes. Podrías enfrentarte a las críticas e incluso a las burlas de algunos. Es posible. Sin embargo, estarás completamente alineado con la vida y abierto a la oportunidad, a que aparezca alguna ayuda inesperada en el camino, a correos y llamadas que surjan de la nada, estarás abierto a todos y a todo lo que deba aparecer en el momento oportuno y todo aquello que deba desaparecer también lo hará en su momento. Aprenderás a vivir sin la programación de la mente y sus historias, aprenderás a vivir a través de tu propio programa, un programa en donde habitan los cometas y las estrellas, un programa ancestral de profunda paz y verdadera satisfacción.
Estarás tan enamorado de lo que haces que perderás todo temor a la escasez de dinero, y la confianza ocupará el lugar del temor, y desde este fertilizante de confianza absoluta, se generará el dinero suficiente, o por lo menos, los medios para mantenerte a ti mismo, o la voluntad de ser apoyado mientras encuentras tu punto de equilibrio. En formas inesperadas, el apoyo vendrá, las conexiones perfectas se darán, aparecerá la gente y las circunstancias adecuadas y las cosas empezarán a fluir, incluyendo el dinero, si eso es lo que te preocupa, pues el dinero, de todos modos, es solamente energía y todo es energía. Tal vez llegará lentamente en un principio. Tal vez no al ritmo que a la mente le gusta, pero llegará, en su propio tiempo. Lo realmente importante es ese fluir, no el resultado. Aprenderás a tener paciencia y a sentir confianza y te verás forzado a hacerte amigo de la duda. Podrías decir “no es posible, todo será un rotundo fracaso”, pero nunca lo sabrás si no lo intentas. Podrías ganarte la vida haciendo aquello que amas. Podrías incluso tener una vida con mucha riqueza. Es posible. Otros lo han logrado antes que tú. Y con lo que la vida te dé, serás capaz de devolver mucho más de lo que algún día imaginaste y el ciclo de prosperidad continuará inevitablemente.
Sí, puede ser que esté completamente equivocado. Tal vez todo esto sea una ilusión, tonterías de la Nueva Era, un parloteo espiritual fuera de la realidad, una promesa de felicidad para los ya satisfechos. Quizás tus miedos y dudas estén justificadas. Tal vez estés completamente atorado en la vida que llevas, sin esperanzas de algo diferente. Pero quizás no, y este “quizás no”, sea la posibilidad que abra todas las demás posibilidades, y en la que muchos se niegan a adentrarse en lugar de permitir  que los miedos y las dudas y las justificaciones gobiernen sus vidas limitando sus grandes capacidades. Y entonces, todo lo que queda es la censura, la amargura, el arrepentimiento y la culpa cósmica de la pequeñez y de un potencial desperdiciado, y la esperanza de una vida diferente o la expectativa de que las circunstancias externas cambien. Culpamos a todos y a todo por nuestro estancamiento y negativa (que replanteamos como nuestra propia incapacidad) de definir la vida que amamos. Culpamos a nuestros genes, a nuestra química cerebral, a nuestras creencias espirituales, a nuestro karma, a nuestra personalidad, a nuestros padres, a la economía, al gobierno, al clima, a la alineación de los planetas, a nuestra historia, a nuestras conclusiones acerca de lo que debería pasar. Una vez que el juego de la culpa comienza, ya no hay quien lo pare. Pero en eso, tampoco encontramos alegría.
He conocido a personas que, en las últimas semanas de su vida, descubrieron de pronto algo en lo que eran buenos, algo que hizo que su corazón cantara: morir bien. Morir en una forma que inspirara a los demás. Permitiendo que su agonía fuera transformadora y un factor de cambio. En las últimas semanas de vida entraron en una absoluta prosperidad. Se entregaron por completo a aquello que amaban, sin esperar ningún beneficio adicional, ninguna ganancia. Jamás hubo alguna excusa. Siempre hay algo para nosotros. A veces, el simple hecho de saber lo que no queremos es el primer paso. A veces, no saber lo que queremos, pero darnos el espacio y el tiempo para explorarlo y encontrarlo es un movimiento de suprema inteligencia y valor en sí mismo.
Aquí no hay ningún mandamiento, no existen los “deberías”. No te estoy diciendo cómo vivir o qué es lo que tienes que hacer. El mundo está repleto de todo eso. Estas son sólo pequeñas invitaciones de alguien que ya pasó por eso, recordatorios llenos de amor para que te abras a tu propia inmensidad, para que liberes a tu corazón, para que bailes y cantes y para que seas eso que ya sabes que eres: la Vida misma, preñada de un potencial creativo que estalla como un Big Bang, ese potencial que por siempre ha escrito cuentos de aventuras emocionantes en las paredes de tu corazón, ese potencial que aún estalla en forma de cada pensamiento, cada sensación, cada sentimiento. Vive la vida que amas porque quizás tengas sólo este día para hacerlo. Nadie más puede vivirla por ti. Te cansarías de esperar.

Jeff Foster

NO HABLES CON TU HIJA SOBRE SU CUERPO, SALVO PARA ENSEÑARLE CÓMO FUNCIONA - Por María Montessori


No hables con tu hija sobre su cuerpo, salvo para enseñarle cómo funciona. No hables con tu hija sobre su cuerpo. No le digas nada si ha perdido peso. No le digas nada si ha subido de peso. Si crees que el cuerpo de tu hija se ve genial, no lo digas. He aquí algunas cosas que puedes decirle en su lugar:
“¡Te ves muy saludable!”, es una muy buena opción.
¿O qué tal: “Te ves muy fuerte”? O: “Se nota que eres feliz : brillas”. Mejor aún: halaga algo en ella que no tenga nada que ver con su cuerpo.
Tampoco hagas comentarios sobre el cuerpo de otras mujeres. No. Ni uno solo; ni positivo ni negativo. Enséñale a ser amable con los otros, pero también a ser amable consigo misma.
No te atrevas a hablar sobre cuánto odias tu cuerpo frente a tu hija, o a hablar sobre tu nueva dieta. Mejor aún, no hagas dieta frente a tu hija. Compra comida saludable. Prepara comidas saludables. Pero, no digas “por ahora no estoy comiendo carbohidratos”. Tu hija no debe de pensar que los carbohidratos son malos, porque sentir vergüenza por lo que comes solo se traduce en sentir vergüenza de ti misma.
Anima a tu hija a correr porque eso la hace sentirse menos estresada. Anímala a subir montañas porque no hay ningún lugar mejor para explorar su espiritualidad que la cima del universo. Anímala a surfear, a escalar paredes o a andar en bicicleta de montaña porque la atemoriza, y eso a veces es algo bueno.
Ayuda a tu hija a amar el fútbol, a remar o el hockey, porque los deportes hacen de ella una mejor líder y una mujer más segura de sí misma. Explícale que no importa qué edad tenga, nunca dejará de necesitar saber jugar bien en equipo. Nunca le hagas jugar o practicar un deporte que no adore por completo.
Demuéstrale que las mujeres no necesitan de un hombre para mover muebles. Enséñale a cocinar. Herédale la receta de tu mamá de ese pastel de café de Navidad. Herédale tu amor por pasar tiempo al aire libre.
Quizá tú y tu hija tengan muslos gruesos o una caja torácica ancha. Es fácil odiar estas partes del cuerpo tan lejos de la talla cero. No lo hagas. Dile a tu hija que, si quiere, con sus piernas puede correr un maratón, y que su tórax no es otra cosa que un buen estuche para cargar unos pulmones fuertes. Puede gritar, puede cantar y puede levantar el mundo, si quiere.
*Recuérdale a tu hija que lo mejor que puede hacer con su cuerpo es usarlo para mover su hermosa alma.*
María Montessori (pedagoga)

viernes, 30 de enero de 2015

Los órdenes de la abundancia... Según la mirada de Bert Hellinger



Dinero, madre y vida son energías equivalentes. Como tratamos a la madre, así nos trata la vida y el dinero.

Los órdenes de la abundancia son los siguientes :

1-Asentir a todo como es y a todos como son y agradecer todo como es y a todos como son, aunque todavía no entendamos. La abundancia es la respuesta del universo, del sistema familiar y del espíritu al que está al servicio de la vida, agradeciéndola como es, con la muerte y con el sufrimiento también.

Nuestras vidas forman parte de grandes movimientos de compensación y de reconciliación. Es a lo que tenemos que asentir.

2-El siguiente orden de la abundancia dice « tomar », tomar todo como es, tomar a todas las personas como son, formar parte del movimiento de la compensación de la vida, equilibrando el dar y tomar.

El dinero que recibimos es la compensación a nuestro buen dar. El buen dar empieza con los padres : cuando « tomamos » a nuestros padres, o sea, cuando aceptamos recibir incondicionalemente todo lo que nos dieron nuestros padres, necesitamos devolver, por agradecimiento, pero a los padres no les podemos devolver lo mucho que nos han dado, por lo que instintivamente nos giramos hacia los demás, pareja, trabajo, y a ellos damos lo que tomamos de los padres. Esto es el buen dar. Y el entorno nos lo compensa y agradece con la abundancia.

Tomar a la madre es contactar con el éxito y el dinero.

Tomar al padre nos abre a la fuerza de la realización profesional

Tomar a ambos a la vez permite que el éxito profesional fluya en nuestras vidas. Y este éxito está unido a la prosperidad económica.

Tomar sólo un poco a los padres tiene como consecuencia no ser capaz de dar mucho a los demás, y por lo tanto la respuesta del universo será también pobre, mezquina.

Tomar a todos como son significa tomar a todos los excluidos, rechazados, perpetradores y despreciados, de las dos ramas, que los conozcamos o no.

Tomar a todos como son significa también querer a la gente difícil de nuestra propia vida, a los perpetradores económicos, a los prepotentes, a los tiburones y usureros, etc. y agradecerles ser como son.

3-Y el último orden de la abundancia dice « respetar al anterior ».

Resumiendo, nuestra abundancia está ligada a nuestra capacidad de amor incondicional y agradecimiento incondicional también. Se traducirá en nuestras vidas, primero por nuestro amor y respeto a la madre y a todas las mujeres de nuestro sistema familiar, y en segundo lugar por nuestro amor a los difíciles, rechazados, prepotentes, violentos y otras personas moralmente « incorrectas ».

Ese amor tiene su reflejo en nuestra capacidad para decir « gracias por ser como eres » a cualquier ser humano.

El dinero viene de la madre.

En la madre, durante los primeros nueve meses de nuestra vida, hemos conocido la abundancia de la naturaleza y su imperfección. Al tomar conscientemente a nuestra madre, reanudamos el fluir de la abundancia en nuestra vida.

En la pareja, observamos que la abundancia depende de la actitud de la mujer. Si la mujer respeta a su marido, el marido tendrá éxito y prosperidad.

Para las personas solteras, éxito y prosperidad dependen de cómo han tomado a su propia madre.

Las herencias
La herencia fue acumulada gracias al respeto de una mujer por su marido (abuelo, bisabuelo, etc). La herencia puede estar bloqueada porque ningún descendiente ha mirado, honrado y agradecido a esa mujer.

El orden entre padres e hijos dice: los padres dan y los hijos toman.

Lo que dan los padres siempre es un regalo. Deben ser honrados y agradecidos por lo que han dado. El hijo que exige algo de los padres pierde a sus padres.

La culpa y los MÉRITOS pertenecen al que actuó y sólo a él.

Un padre no tiene ninguna obligación de dar algo a sus hijos. El hijo no tiene ningún derecho de exigir algo de sus padres.

Los padres dan siempre a todos sus HIJOS por igual, a todos los que estén en su lugar de HIJOS, y sólo dan a esos HIJOS.

En las herencias el orden sistémico se respeta inconscientemente de un modo contundente: el hijo que reemplaza a un hermano muerto excluido o a un aborto olvidado recibirá dos partes de herencia, la suya y la del excluido; el hijo que sustituye a un tío, padre, abuelo, no recibirá nada ya que no vive como hijo....

Las deudas
Tener deudas o hipotecas es un modo de pagar un daño, de equilibrar una culpa no asumida. Puede ser nuestra o, más frecuentemente, pertenecer a un ancestro con quien tenemos una fidelidad o una intrincación.

Avaricia
«Tengo muy poca energía para vivir, no la tengo que malgastar ». El dinero es el equivalente de la vida, la persona siente que su soplo de vida se apaga, tiene que ahorrar al máximo su dinero-energía.

La ludopatía
Mejor es jugarse el dinero antes que jugarse la vida. La ludopatía en la que el jugador pierde una y otra vez es un sustituto de suicidio.

La crisis pertenece a un campo superior al servicio del cambio. La dirige el movimiento del espíritu. Es pura energía, al servicio del amor y de la vida. En la crisis el movimiento del espíritu se despliega, prodigando su fuerza y su amor al que quiere ver y cambiar.

La abundancia es un movimiento del espíritu, para el que agradece toda su vida como es.
El dinero, símbolo de vida, necesita ser aceptado como es, reconocido, querido, respetado.
También necesita ser destinado a la vida. Necesita ser recibido para ser dado de nuevo a cambio de otro servicio que mejora nuestra vida.


por Brigitte Champetier de Ribes
Fuente: http://www.guiagente.es/articulos/153-los-ordenes-de-la-abundancia-segun-constelaciones.html

Mientras no respetemos la energía materna fracasaremos en la nutrición de nuestra abundancia






Hay un señor alemán que se llama Bert Hellinger que desarrollo una terapia que se conoce como CONSTELACIONES FAMILIARES. Este señor que es un genio en la observación del ser humano, nos comparte que hay una ley fundamental que dice “en todas las relaciones hay un orden de jerarquía”. . , es decir, que cada uno en su grupo tiene un lugar determinado y nadie más puede ocuparlo, al igual que él tampoco puede ocupar otro sitio: debe permanecer en el suyo. El orden de jerarquía se deriva del tiempo de pertenencia a un grupo. De esta manera, el que llegó antes tiene prioridad en relación a los que vinieron luego. Por ese motivo, los padres tienen prioridad ante los hijos; el que nació primero, el mayor, tiene prioridad ante el que nació segundo, etc. Y en una empresa, aquellos que estuvieron antes tienen prioridad ante los que vienen después. Esta ley en nuestra sociedad no está reconocida, ni siquiera se sabe
. Si esto lo ejemplificamos en un caso muy concreto la madre y el hijo, ¿quién llegó primero? La madre. Entonces por ley la madre tiene mayor jerarquía que el hijo. Sin embargo, hay muchos hijos que se ponen por encima de ella, le hacen reproches, le indican cómo debe ser y la rechazan.
El resultado es que
fracasan en su profesión. Dice Bert Hellinger que esto se puede comprobar muy fácilmente, solamente hace falta mirar a aquellos que fracasaron, por ejemplo a los que sufrieron una bancarrota, a los que perdieron su trabajo o el dinero; solamente miramos a la madre, no tienen vínculo con la madre. Esa comprensión tiene efectos muy amplios.
Cuando tomamos conciencia de esto, entendemos la importancia de RESPETAR A LA MADRE. Porque si por jerarquía no ocupo mi lugar como hijo, y me quiero poner por encima de mi madre, no podre tener éxito en la vida como consecuencia.
Todas las personas que están batallando con su trabajo, con la generación de dinero, es bien importante que retomen el respeto a la madre para que se reconecten con la abundancia de la vida.

Bert Hellinger comenta que se puede ver muy fácilmente quien está en sintonía con la madre porque su rostro está iluminado. Y esto también se puede determinar con los empleados en una empresa… la madre representa la nutrición, pero no solo el alimento físico sino también el alimento espiritual. Entonces si estoy en conflicto interno con la madre, tengo problemas con mi nutrición emocional, y esto repercutirá con mi falta de prosperidad.

Y para los que se resisten a esta ley fundamental, porque juzgan a su madre como alguien mala, nos comenta Bert Hellinger que espiritualmente los padres son perfectos, porque los escogimos inconscientemente precisamente porque veníamos aprender de ellos como maestros. Cada madre como tal es perfecta. Al servicio de la vida es perfecta y entonces ¿cómo puede uno decir “mi mama es mala”? Porque no se está reconociendo lo fundamental, lo esencial: de dónde proviene su vida, y eso es la superioridad. Si alguien se pone por encima del origen de su vida, entonces, ¿cómo puede tener éxito en su vida, si no reconoce el origen?

El cambio se da a través del crecimiento interior. Respetando al padre y la madre. Sin ese padre y sin esa madre nosotros no estaríamos vivos, solo vivimos porque los tenemos a ellos. Todo lo decisivo proviene de ellos, solamente de ellos. Solamente necesito reconocer eso y entonces me vuelvo humilde y ocupo mi lugar adecuado, que es por debajo de todo. En ese instante, a mis padres les puedo decir:”¡Gracias, gracias por todo!” y hacer algo bueno con aquello que me dieron.


Fuente: http://despertando.mx/?p=1787