viernes, 26 de febrero de 2010

ARQUETIPOS Y SEXUALIDAD FEMENINA

“En el principio Eurínome, la Diosa de todas las cosas, surgió desnuda del Caos, pero no encontró nada sólido en que apoyar los pies y, a causa de ello, separó el mar del firmamento y danzó solitaria sobre sus olas en dirección sur, y el viento Norte llamado también Bóreas, puesto en movimiento tras ella, le sugirió que sería
un buen instrumento para iniciar una obra Creadora. Eurínome se dio entonces la vuelta y se apoderó de aquél y lo frotó entre sus manos hasta que dio origen a la enorme serpiente Ofión. A continuación la diosa, que tenía frío, bailó para calentarse cada vez más agitadamente, despertando el deseo carnal en Ofión, quien sin pensarlo tres veces se enroscó el cuerpo de Eurínome y la poseyó con lujurioso deleite. Así fue como Eurínome quedó encinta. Después se transformó en paloma y se posó sobre las olas y a su debido tiempo puso el Huevo Universal. A petición suya Ofión se enroscó siete veces alrededor del huevo hasta que se empolló y dividió
en dos. De él salieron todos los seres y elementos que componen el Cosmos: el sol, la luna, las estrellas, la tierra con sus montañas, ríos, mares y lagos, sus árboles, hierbas y criaturas vivientes…”

Mito griego de la Creación



La danza, la sexualidad, el Eros y el Gozo como motores de la creación.

El mito de Eurínome difiere mucho de la historia bíblica del Génesis, un dios que desde la nada crea a través del verbo, del Logos, esta es una creación imperfecta y separada de su creador. Eva, la mujer, es creada a partir de una costilla de Adán, el motivo de la perdida de la condición humana y del dolor en el mundo. La serpiente es vista como símbolo de la perversión y el mal, compartiendo el mismo destino de la mujer. En las antiguas culturas neolíticas, la serpiente fue símbolo de vida asociada a la poderosa energía de la tierra, sexualidad y conocimiento profundo de lo cíclico.



Para el yoga tántrico, la energía kundalini, la serpiente, está enroscada y dormida
en el chakra raíz, al despertar esta energía todos los demáscentros de energía o chakras se iluminan y vivifican, siendo este el camino para encontrar la iluminación.
Un antiguo mito gnóstico nos habla de la serpiente como “El sabio instructor”,
y también como el adversario que se opone al dios creador que intenta mantener el conocimiento apartado de Adán y Eva. El conocimiento que este dios intenta apartar del ser humano no es el intelectual, sino el del corazón y la vida. Siguiendo este mito, cuando la serpiente dice a Eva “come y seréis como dioses”, la instruye en la sabiduría de la relación, porque después de haber comido y de “haber dado a comer del fruto” a Adán se conocieron de forma distinta a como se conocían antes y eso les dio la capacidad de procrear. Obtienen el poder de la generación; Eva es en realidad la iniciadora de Adán, y su “atrevimiento” les permite salir de la inconciencia, creciendo en sabiduría.



En la Grecia pre-olímpica las mujeres se reunían en el mes de la siembra para el ritual de las Tesmoforias. En este ritual celebran y potencian la fertilidad de la tierra y sus lazos con ella y entre sí mismas. El poder de la tierra es encarnado por las serpientes.


Lilith


Un arquetipo vinculado a la sexualidad femenina, es la figura de Lilith. Aparece en algunos textos como la primera mujer de Adán, que abandona a este porque se niega a hacer siempre el amor debajo del hombre. En textos hebreos aparece posteriormente como una demonia, que hace impotentes a los hombres o les roba el semen durante el sueño. Lilith es la primera mujer rebelde, caracterizada por una poderosa energía no sometida al dominio patriarcal.



Todas las historias referidas a Lilith resaltan su libertad de movimiento, en una época en que las mujeres tenían cada vez más restringida su autonomía mientras el
patriarcado se establecía, con más fuerza.

Marija Gimbutas, la arqueóloga experta en las culturas pre-patriarcales de la Vieja Europa, dice que Lilith desciende de la Antigua Diosa pájaro neolítica, más tarde demonizada por los nuevos pobladores. De hecho, terracotas babilonias la presentan bella, con los pies alados, un tocado con dos cuernos y un cetro en la mano, rodeada de bestias salvajes. Es representada con los atributos de la Señora de las Bestias, que gobierna la noche, pero asumida como una divinidad, y no como demonia.



En el Talmud aparece como la primera esposa de Adán, aunque se dice que no eran felices, puesto que ella no quería permanecer debajo de él en el coito siendo los dos iguales; Adán insiste en ello, y Lilith le abandona, escapando al Mar Rojo, lugar de demonios, donde se dice que ella se dedicó a la promiscuidad desatada. Aunque procrea demonios, también se la presenta como estéril y se dice que “sus pechos no dan leche”. Lilith representa la unidad con las fuerzas de la naturaleza, la independencia y la negativa a someterse a la autoridad masculina. Fuertemente vinculada a la energía femenina primordial que prevalece en las culturas neolíticas y que fue suprimida de las mujeres y de la cultura por el patriarcado. Es la “Mujer Salvaje” de Clarissa Pinkola Estes.

Lilith… ¿y Eva?

Eva y Lilith, en principio, representan el mismo arquetipo, sin embargo, esta figura ha sido separada, condenando a Lilith a vivir en la sombra. Mientras Eva representa la esposa y madre protectora que se adapta al hombre y a vivir bajo su dominio, Lilith muestra nuestro anulado instinto, la búsqueda de la satisfacción sexual propia y cuya finalidad no es la maternidad. Eva está ligada a la primera parte del ciclo lunar, creación y procreación; Lilith a la luna menguante y la menstruación, que de forma simbólica representa la muerte del niño potencial, del óvulo no fertilizado. Quizás, ha llegado el momento de integrar ambas energías y hacer un lugar de honor a Lilith en nuestras vidas. Algunas autoras identifican dos tipos de energías, Eva la energía del útero que nutre y acoge y Lilith la del útero que expulsa; en el embarazo estaría presente la primera y en el parto es necesaria
la “presencia de Lilith”. En nuestra vida necesitamos de las dos, pero tenemos muchas dificultades en encarnar la de Lilith, es importante aprender a nutrirnos a nosotras mismas.



Diosas del amor y sexualidad



Una figura arquetípica central para la sexualidad femenina es la de la Diosa del Amor y la Sexualidad,llamada de diferentes formas: Inanna, Isthar, Afrodita, Astarté (la del útero). El deseo es considerado sagrado y es inspirado por estas diosas tanto entre humanos como entre animales. Estas diosas manifiestan su deseo de manera activa. Un antiguo himno Isthar recita: “Yo devuelvo el macho a la hembra, yo soy la que embellece el macho para la hembra, yo soy la que embellece la hembra para el macho”.

Una característica de estas diosas es su virginidad, entendida como integridad, ya que a la vez tienen amantes, pero sin ser definidas por su relación con el varón.
No aparecen como esposas de un dios, sino que ellas son las diosas por derecho propio ligadas a un hijo-amante que es sacrificado para volver a resucitar de nuevo
cada primavera, simbolizando los ciclos de la vida vegetal y su paralelismo con la vida-muerte de los seres humanos.



Toda la mitología que rodea a estas diosas y sus amantes es muy interesante a nivel simbólico y está ligada a la transformación y los procesos de muerte-renacimiento. Jean Sinoda Bolen considera a Afrodita como una diosa alquímica de gran valor en los procesos de maduración psicológica a partir de nuestra capacidad de relacionarnos de manera profunda con otro ser humano y también a través de la creatividad.

Ligado a los cultos en los templos a las diosas del amor aparecen las llamadas “Prostitutas sagradas”, aunque el nombre no es muy afortunado, ya que no tiene que ver con la prostitución tal y como hoy la conocemos. Las mujeres se ofrecían como parte de un acto en honor a la diosa en el contexto de rituales,
danzas extáticas, haciendo el amor con extranjeros que llegaban a la ciudad. En ese momento, de alguna forma, las mujeres personificaban a la diosa. Los rituales
seguramente tendrían similitud con los rituales tántricos.

Al parecer, estos rituales se remontaban al neolítico, donde se celebraba el matrimonio sagrado, que reconocía la sexualidad como el poder de regeneración necesario para propiciar la fertilidad y el bienestar de la comunidad. En
determinadas épocas del año, los humanos hacían el amor sobre los campos, para apoyar el crecimiento de las plantas. Lo humano y la naturaleza están estrechamente comunicados, y el estado del mundo tiene que ver con el estado de las relaciones. Estas sociedades eran bastante igualitarias y parece ser que bastante pacíficas. La opresión de las mujeres, la represión de la sexualidad femenina y la explotación
de la naturaleza son procesos que se dan simultáneamente durante la paulatina instauración del patriarcado. La materia es considerada impura, el cuerpo se va separando del espíritu...



Ha llegado el momento de dar un salto evolutivo. El matrimonio sagrado simboliza “la unión de los opuestos, es el llegar juntos y con un status igual, de los principios femeninos y masculino, la conjunción del consciente y el inconsciente, del espíritu y la materia”, Jung describe este proceso como “la terrenalidad del espíritu y la espiritualidad de la materia, la unión de los opuestos y la reconciliación de lo dividido”.

BIBLIOGRAFIA
- Mujeres que corren con los lobos
Clarissa Pinkola Estes
- La luna Roja . Miranda Gray.
- Las Diosas de cada mujer . Jean
Sinoda Bolen . Ed. Kairós
- La prostituta sagrada. Nancy Qualls-
Corbet. Ed.Obelisco
- Los frutos de la virginidad . Marion
Woodman . Ed. Luciérnaga
- Adicción a la perfección .Marion
Woodman. Ed. Luciérnaga
- Danzando entre llamas. Marion
Woodman. Ed. Luciérnaga
- Ser mujer. Varias autoras . Ed.
Kairós
Fuente: Laura Juarros, Revista Frida, 2006.

jueves, 25 de febrero de 2010

Madre, ser deseante y nutriente - La sexualidad prohibida de la madre según Casilda Rodrigáñez

"La civilización empezará el día en que el bienestar del recién nacido prevalezca sobre cualquier otra consideración."
Wilhelm Reich



"Cuando nace un niño también nace una madre" dice una publicidad. Pero ¿qué más....? ¿qué pasa con el padre? ¿cómo se articula esa nueva realidad? ¿de qué modo y por qué se transforma la sexualidad femenina durante un largo período antes, durante y depués del embarazo? ¿de qué se trata esa relación simbiótica entre la madre y el hijo? ¿por qué ocurren estos cambios tan radicales en las mujeres durante la maternidad? ¿cómo se articulaban la sexualidad femenina y la maternidad en otras sociedades a lo largo de la historia? ¿existía la pareja estable? ¿existía la figura del padre tal como la concebimos hoy en día? ¿existieron las sociedades matrilineales? ¿qué mensaje encierra el arte del paleolítico? ¿cómo se puede contruír una sociedad más sana para todos, donde los niños reciban el amor que necesitan? ¿cómo podrían mejorar las relaciones entre los sexos? ¿cómo dejar de pelear por el poder en una sociedad donde las leyes y las costumbres son todavía patriarcales y violentas?

Lo que viene a continuación es un texto cuestionador que intenta contestar todas estas preguntas, se puede estar de acuerdo, se puede discrepar, pero lo considero muy valioso. Se compone de investigaciones acerca del arte paleolítico, observaciones antropológicas, psicoanálisis, psicología reichiana, mitología, y por sobre todo, el ingrediente del sentido común es uno de los grandes valores de Casilda Rodrigáñez. La sexualidad femenina de las madres está oculta, es un tema tabú en nuestras sociedades, sostiene la autora. Si no fuera así, escribe Casilda: "recuperaríamos el mundo donde la madre amante de sus criaturas no sólo no estuviera prohibida, sino por el contrario, estuviera considerada como lo más benefactor de la condición humana, tanto para el despliegue de la sexualidad primaria, como para la conservación del grupo, como foco y factor de cohesión y de fraternidad; como punto de partida y de vertebración del tejido social formado por la ayuda mutua."
Este ensayo puede explicar la sensación de desilusión a la que muchas madres jóvenes se enfrentan hoy en día: o están en crisis con sus parejas, enojadas, desconcertadas, etc, o bien viviendo a un ritmo ajeno a sus reales necesidades, sobrepasadas, estresadas, teniendo que compatibilizar horarios de trabajo con la crianza de hijos que requieren otros tiempos y espacios. Sin entender mucho el por qué están así, muchas de estas madres se preguntan cuál es la razón por la que se sienten tan mal si la maternidad debería ser un momento de plenitud en sus vidas. Espero que este texto sea iluminador para ustedes. Y, aún mejor, que les despierte más curiosidad y ganas de leer y debatir.



"¿Cómo se va a entender el arte paleolítico desde un mundo en el que, como dijo Freud, sólo existe el sexo masculino, y el femenino se ha definido en negativo, como un sujeto humano castrado, que carece de pene? Si querían recrear y representar el sexo, ¿para qué representar un cuerpo castrado? ¿Cómo no va a haber desconcierto y extrañeza, cuando se ha borrado de nuestro lenguaje y de nuestra idea del mundo y de la vida, la sexualidad específica de la mujer y su papel fundamental en la sociedad humana?

Entonces el desconcierto ante las representaciones de mujeres del Paleolítico se debe a que lo que nuestr@s antepasad@s pintaban y esculpían es algo que, como decía Lea Melandri, se ha excluido de nuestra forma de existencia actual; algo de lo que sólo quedan vestigios a los que se han aludido con lo del famoso continente negro,o como lo ignoto, lo oscuro, remoto, sombrío (Freud), lo jamás definido, (Groddeck), etc.. Y como nuestra sexualidad y nuestra forma propia de existir han desaparecido de nuestro mundo, el campo queda libre para falsearlas representaciones de nuestras antepasadas y atribuirlas a supuestas creencias mágicas. Pero la mujer que la sociedad patriarcal ha erradicado de este mundo está ahí, reflejada en ese arte que tanto desconcierto siembra.



A pesar de estar excluidas de nuestro mundo, la falta de representación simbólica de la mujer y de la madre en nuestra sociedad ha sido detectada y denunciada desde cierto sector del feminismo; porque hay algo de ellas que, aunque su expansión y expresión estén bloqueadas en la producción social, sigue latiendo en el fondo de nuestro ser psicosomático.

Refiriéndose a esta falta, dice Luce Irigaray:

¿Dónde quedan, para nosotras, lo imaginario y lo simbólico de la vida intrauterina?

¿Dónde quedan, para nosotras, lo imaginario y lo simbólico de la vida intrauterina y del primer cuerpo a cuerpo con la madre? ¿En que noche, en qué locura quedan abandonados?

Deseo loco, esta relación con la madre, ya que constituye el ‘continente negro’ por excelencia. Permanece en la sombra de nuestra cultura, es su sombra y sus infiernos…

Deseo loco,

deseo negado,

deseo reprimido,

silenciado;

en la sombra de nuestra cultura

y en las profundidades de nuestro inconsciente.

Enterrado en los infiernos,

como los hijos de Gea;

desterrado en el Hades donde está toda la vida que no debe ser.


Por eso decía Freud:


Todo, en el ámbito de la primera vinculación con la madre, me parece difícil de captar analíticamente, oscuro, remoto, sombrío, difícil de devolver a la vida, como si hubiera caído bajo una represión particularmente inexorable (24).

Con el destierro y la satanización de la sexualidad de la mujer, una gran parte del ser psicosomático humano masculino y femenino quedó también desterrado en el Hades, como lo fueron en la mitología los hijos de Gea. Por eso todo lo que tiene que ver con el vínculo con la madre, la sexualidad básica y la producción deseante de las criaturas que garantiza el continuum autorregulador de sus vidas, está excluído de nuestra conciencia y de nuestra imaginación, habita en un mundo distinto al nuestro, a donde nos estamos adentrando de la mano de la mitología, de la arqueología y también del psicoanálisis.

El orden social, nuestra cultura, el mismo psicoanálisis, así lo quieren: la madre debe permanecer prohibida.



Estamos, pues, tratando de viajar a otra sociedad, a otro mundo, a otra mujer, de una cultura anterior a la prohibición de la otra forma de ser mujer, de la madre y de la maternidad. Pero no es un viaje de recreo; es un combate, un asalto… a nuestra propia conciencia; es un cuestionamiento de la percepción que tenemos de nosotr@s mism@s, de nuestro ser psicosomático, para reconocer en él lo que nos ha sido ocultado.

¿Pueden estas imágenes y las que veremos a continuación, ayudarnos a evocar el cuerpo y el latido materno compartidos; a imaginar la pasión benefactora manando de ese cuerpo, y su deseo de nuestra existencia? ¿Pueden ayudarnos a pensarnos relajadas en ese regazo, pegadas a esa piel, saciando nuestro anhelo –boca, lengua, estómago– de sus líquidos? ¿Pueden ayudarnos a reconocer ese deseo negado del lametazo materno? ¿A sentirnos la criatura inocente, confiada y saciada que nuestro inconsciente sabe que hemos sido y que desea que volviéramos a ser? ¿A recuperar nuestro estado de criatura deseante y saciante? Y entonces y por lo tanto, recuperar también nuestros cuerpos de mujeres capaces de ese latido y de esa pasión productoras de criaturas saciadas y deseantes.

Con la exclusión de la mujer, se destruye la capacidad humana, masculina y femenina, de desear y amar lo deseable y lo amable. En el Hades está la mujer prohibida, en el Infierno la lascivia y la maldad femenil; es decir, el amor de la madre verdadera que brota de la interacción libidinal del estado de simbiosis de la etapa primal, y la condición humana en sintonía gaiática.









La primera vez que dirigí la mirada a las imágenes del Paleolítico y del Neolítico dándome cuenta de lo que estaba viendo, que no eran simplemente maravillas artísticas, que eran la representación de un mundo con madre, de un mundo con mujeres verdaderas, cuerpos sólidos, macizos, compactos, fundamentales, pisando tierra, surcando aguas y aires, haciendo el fuego del bienestar doméstico; cuerpos cambiantes, valiosos y libres –no mujeres-objeto, no mujeres prostituídas ni esclavizadas– me embargó una emoción especial, algo se movió dentro de cada célula de mi cuerpo, la piel se me puso de carne de gallina y los ojos se me llenaron de lágrimas, como si estuviera ante el mayor prodigio jamás contemplado.

¡Cómo pueden cambiar las cosas, según los ojos con los que se miren! ¡Cómo pueden influir los prejuicios, las ideas preconcebidas para transformar la percepción de las cosas! ¡Qué horror la campaña de deificación de la imagen de la mujer que puede seguir cegando y haciendo invisible la evidencia de sus cuerpos!



Hay, pues, que empezar a pensar y a imaginarse lo que puede ser el despliegue social de la sexualidad de la mujer, alentando la simbiosis primaria del ser humano; imaginarnos creciendo en el ‘muttertum’; imaginarnos como seríamos después l@s adult@s crecid@s en el ‘muttertum’, con las criaturas pequeñas saltando de regazo en regazo, chupando y lamiendo, incorporadas a nuestros cuerpos en todo el quehacer cotidiano. Imaginarnos los grupos humanos formados no al lado, no en contra, no a pesar de los inconvenientes de la crianza, sino en función de ella, para protegerla y cuidarla como el bien más preciado del grupo. Ni tuya ni mía, las criaturas serían de los grupos humanos, no por ley, no por decreto establecido, sino por la cualidad de la energía libidinal. Por eso, su bienestar sería de hecho el de tod@s. Y si un grupo humano se pone a funcionar teniendo como lo primordial el bienestar inmediato y el cuidado de la pequeña criatura, recuperaría el impulso vital de búsqueda del bienestar; haría volver la sabiduría perdida, el impulso general por el cuidado de los demás que ha sido sustituído hoy por el afan de dinero y de éxito. Como decía Wilhelm Reich:

"La civilización empezará el día en que el bienestar del recién nacido prevalezca sobre cualquier otra consideración."

Es decir, recuperaríamos el mundo donde la madre amante de sus criaturas no sólo no estuviera prohibida, sino por el contrario, estuviera considerada como lo más benefactor de la condición humana, tanto para el despliegue de la sexualidad primaria, como para la conservación del grupo, como foco y factor de cohesión y de fraternidad; como punto de partida y de vertebración del tejido social formado por la ayuda mutua. Ya vimos como Bachofen decía que la maternidad y el amor y los cuidados maternales (sic) fueron el origen de la cultura. Más adelante Bachofen vuelve a afirmar que el principio de la fraternidad descansa en la maternidad.



El amor procedente del entorno materno no sólo es más tierno sino también más general, más universal.

Tácito, que menciona esta idea restringida a la relación de hermanas entre los germanos, no se percata de su pleno significado, ni tampoco del amplio despliegue que ha obtenido en la historia. Si en el principio paterno impera el límite, en lo maternal rige la universalidad; si el primero conlleva siempre la reducción a pequeños círculos, el segundo no conoce limitaciones, tan pocas como la naturaleza. La fraternidad universal de todos los hombres procede de lo materno procreador, y su realidad y reconocimiento sucumbirán con el desarrollo de la paternidad (‘Paternität’)… La familia fundada sobre el derecho paterno(‘Väterrecht’) se encierra en un organismo individual. La familia basada en el derecho materno por el contrario, posee el carácter universal típico que caracteriza a los comienzos de toda evolución y que distingue a la vida corporal de la espiritual… Cada seno de mujer traerá al mundo niños que serán entre ellos hermanas y hermanos, hasta que el desarrollo de la paternidad (‘Paternität’) disuelva esa unidad y la indiferenciación quede superada por el principio de la diferenciación y la división. [Aclaración: indiferenciación = igualdad; diferenciación y división = segregación y jerarquía, por sexo, orden de nacimiento, reconocimiento paterno y de la familia patriarcal, etc.].

En los estadios de la matrística ese aspecto del principio materno (‘mutterprinzips’) alcanzó multitud de expresiones variadas… En él se funda el principio de libertad e igualdad universales, que a menudo encontramos como rasgos esenciales de la vida de los pueblos ginecocráticos (‘gynaikokratischer’), y a él se debe también la Philoxenia u hospitalidad el significado abarcante de ciertos términos… ya que todos los miembros del estado eran considerados familiares debido a su procedencia común de una misma madre, latierra… Sobre todo se ha alabado en los estados ginecocráticos la ausencia de disensiones internas y su rechazo de la discordia. Aquellas solemnes asambleas comunales [negritas nuestras] o ‘panegirios’ que todo el pueblo celebraba compartiendo un sentimiento de fraternidad…



El tejido de costumbres del mundo ginecocrático está rodeado de un halo de benévola humanidad, … y le otorga un carácter que permite reconocer de nuevo todo lo que el universo materno conlleva de benéfico. Estas generaciones humanas primitivas, que subordinadas en todo su ser a la ley de la madre proporcionaron a la posteridad los rasgos esenciales de la imagen de la edad de plata de la humanidad, aparecen bajo el aspecto de una ingenuidad saturna. Qué comprensible resulta ahora el realce de la madre y de sus continuos y esmerados cuidados, tal y como lo describe Hesíodo, así como la eterna minoría de edad de los hijos que siguiendo una evolución más corporal que espiritual, disfrutan hasta una edad avanzada de la paz y la plenitud que la vida agrícola ofrece al amparo de la madre; estas imágenes corresponden a la de una felicidad perdida, sustentada siempre por el dominio de lo maternal, y remiten a aquellas ‘archeia phyla gynaikon' (generaciones primitivas de mujeres) con las que desapareció la paz sobre la tierra. La historicidad del mito encuentra aquí una sorprendente confirmación Ni… la fantasía, ni… la poesía… deben desfigurar el núcleo histórico de la tradición, ni ensombrecer el carácter esencial de la existencia humana arcaica y su significación para la vida.

La dificultad de traducir a Bachofen es en parte la misma dificultad de comprender el valor social del cuerpo y del amor materno; la misma resistencia a traducir mutterlich y muttertum. Pero si tan solo tuviéramos en cuenta aquello de Deleuze y Guattari de que ‘el campo social está recorrido por el deseo’) (36), un deseo que no sale de las páginas de los códices ni de los despachos de los ministerios, sino de los cuerpos vivos; o si pensamos un poco en la obra de Wilhem Reich dedicada a probar la función social de la líbido; si hacemos un esfuerzo por imaginar en la práctica la afirmación teórica de que la dimensión libidinal de la vida humana juega un papel esencial en la organización social, nos resultaría más fácil traducir a Bachofen; es decir, entender la vertebración de las relaciones humanas desde lo maternal, desde la líbido que fluye de los cuerpos; una verdad tan sencilla y que nos cuesta tanto aceptar acostumbrad@s a entender las relaciones humanas reguladas por la Ley.

De hecho así fue y así ha sido siempre. Bachofen asocia explícitamente ‘heterismo’ (relaciones sexuales espontáneas, ausencia de matrimonio o pareja estable) con muttertum y mutterlich, como la civilización primera y original humana (por cierto, que también se suele traducir ‘heterismo’ por ‘prostitución’, y en los diccionarios ‘hetaira’ es sinónimo de ‘prostituta’); ginecocracia con matrimonio demétrico y filiación matrilineal como una fase previa al desarrollo de la paternidad; del período que venimos llamando de transición. La ausencia de reglamentación en las relaciones sexuales, la reglamentación, y dentro de la reglamentación, los diferentes tipos de la misma, son cuestiones claves para determinar un modo de vida y una organización social. Prescott (Body pleasure and the origins of violence -literalmente,’el placer corporal y los orígenes de la violencia’-) realizó un sorprendente estudio comparativo en 50 tribus; observó en todas ellas los siguientes aspectos: el trato corporal del bebe y de la infancia en general, el grado de represión o libertad de la sexualidad dela mujer, y el grado de violencia general. La correlación de los dos primeros indicadores con el grado de violencia era estadísticamente significativa: a menor grado de placer corporal en la infancia y en la mujer, mayor grado de violencia en la sociedad estudiada. No se trata sólo de cuestionar el coito como la base de toda la sexualidad, y de admitir otra sexualidad femenina y otra sexualidad primaria y común a todas las criaturas, es decir, otra sexualidad no falocéntrica –lo cual ya es mucho–; se trata de entender la función social de la líbido femenina-materna y su papel en la formación del núcleo humano; un núcleo humano que no se forma ni se estabiliza con la pareja heterosexual adulta. De algún modo, el arte paleolítico también cobra sentido desde la perspectiva del matricidio y desde el vacío constatado por cierto sector del psicoanálisis, que ha empezado a poner sobre el tapete la falta de madre en este mundo, tanto en lo psíquico, como en lo emocional, en lo imaginario y en lo simbólico.

Pero también cruzando los datos de la arqueología con el estudio de la mitología arcaica de Bachofen, la proliferación de imágenes de mujer cobra sentido, por la función socializadora de la madre en los orígenes de nuestra civilización. Como dice Bachofen: ¡Qué comprensible resulta ahora el realce de la madre!

La matrística queda definida de un plumazo con el término de Bachofen ‘muttertum’; ( y también con la expresión de el ‘imperio’ del cuerpo concipiente)

Sigamos cruzando datos con el paleolítico; iremos viendo que cada vez queda más claro, que no tiene ningún sentido atribuir ideas religiosas a aquella etapa de nuestra historia. Vamos con el análisis de la argentina Martha Moia sobre el ginecogrupo o grupo matrifocal:



El primer vínculo social estable de la especie humana no fue la pareja heterosexual (mujer y varón) creada por el cazador, como sostiene la mayoría de científicos sociales, sino el conjunto de lazos que unen a la mujer con la criatura que da a luz… El vínculo original diádico madre/criatura se expande al agregarse otras mujeres en estado de gestación-crianza, y las que habían pasado por esas etapas, para ayudarse en la tarea común de dar y conservar la vida la misma circunstacia las aúna, y el conocimiento compartido permite que cristalice la solidaridad entre ellas. Se origina así el grupo social primario, compuesto por mujeres de varias generaciones y sus proles… Los lazos que establece la cópula en la época arcaica son momentáneos e inestables, y no parecen haber sido el elemento fundacional del grupo.



Con frecuencia se utiliza una metáfora para hablar de las relaciones que establecen los seres humanos y se dice que conforman la tela de la sociedad. En virtud del papel que ha desempeñado la mujer…, podríamos decir que es la urdimbre o recto del hilo; el conjunto de hilos paralelos que se colocan en el telar para empezar la tela. Es el primer paso del proceso, sin el que no podrían darse los demás. Por otra parte es la dirección del tejido que posee mayor resistencia… El hombre al entrar en relaciones específicas con la mujer, conforma la trama. La tela, entonces, es una función del enlace correcto de urdimbre y trama estructura que es producto de la inserción de una dirección en la otra, sin que ninguna altere su curso.

En resumen:

El ginecogrupo –y no la pareja heterosexual– es la primera forma de organización humana, original y universal.

Esto significa que no es un tipo de organización cualquiera, sino la primera forma grupal que permite la consolidación de la especie en el tiempo, y que se estructura a partir de exigencias específicamente humanas, es decir, culturales y no instintivas. Dicho de otra manera, no es un resto de una forma de organización entre varias posibles, sino la original, a partir de la cual se derivarán todas las variables conocidas.

Para entender el ginecogrupo, como hemos señalado antes, hay que situar el papel de la sexualidad en el grupo humano y reconocer los estados sexuales de la vida humana. Es decir, leer a Moia desde la perspectiva reichiana:


No sólo resulta desconcertante la organización sexual del 'mutterrecht' por su diferente organización de la consanguinidad, sino también por el efecto autorregulador natural que imprimía a la vida sexual. Hasta Morgan, y después de él, Engels, nadie había reconocido su auténtico fundamento, que era la ausencia de la propiedad privada de los medios de producción social.

La metáfora que nos propone Moia de la urdimbre y la trama de la tela social, es muy interesante porque sirve para dar respuesta a los hombres contemporáneos, que ante estos planteamientos se preguntan “y ahora nosotros ¿qué pintamos en todo esto?”.



En esta pregunta se mezclan dos cosas, una sana inquietud ante cuál va a ser ahora la relación entre los sexos, y una malsana inquietud ante la amenaza de pérdida de su Poder. Teniendo en cuenta que su Poder está asociado a la afirmación de su ego, de tal manera que la realización o desenvolvimiento de su ego exige una posición de dominación y superioridad sobre el otro sexo, la amenaza de la pérdida de este Poder es siempre una amenaza a su propia estabilidad psíquica y emocional. La dificultad para afrontar esta amenaza o esta desestabilización es tanto mayor por cuanto la autoafirmación masculina (el Poder del sexo masculino sobre el femenino y sobre l@s hij@s), en ciertos aspectos y hasta cierto punto, se realiza sin que los propios hombres se den cuenta. En definitiva, que si el equilibrio actual entre los sexos está basado en una relación de Poder, que en parte se produce de modo inconsciente, es lógico que el cuestionamiento de dicha relación produzca desestabilización y crisis, o cuando menos, una cierta zozobra, que no se sabe cómo manejar. Son 5000 años de cultura condensada en los egos masculinos (y femeninos).

La jerarquización de las diferencias acarrea inevitablemente envidias, unas veces conscientes y otras muy inconscientes. A las mujeres se nos ha atribuído una ‘envidia del pene’ (puesto que éramos unas castradas sinsexo); pero también hay una envidia en los hombres del sexo femenino latente, porque a pesar de la represión inexorable de nuestra sexualidad, siempre ha habido algo del sexo femenino imborrable: las mujeres siemprehemos parido. Y, como dice Laing, en el fondo del inconsciente masculino también existe la envidia del útero: La ‘envidia uterina’ de la función biológica femenina es posiblemente más profunda que la conocida envidia del pene achacada a las mujeres. Cuando se desestabiliza el equilibrio basado en la relación de Poder, aflora del inconsciente masculino la envidia uterina latente. La envidia es un correlato de la jerarquía. La envidia es un sentimiento que impulsa o engrasa las relaciones jerárquico-expansivas y la rivalidad, es una componente de la competitividad; o sea, que la envidia es una cuestión de Poder, de las relaciones de Poder que estamos cuestionando. Si en la ‘envidia del pene’ de la mujer había afán de Poder, en la ‘envidia del útero’ masculina hay afán de conservación del Poder, miedo a perderlo. Si las mujeres tenemos que salirnos de la perspectiva del Poder, dejar de vivir en ese mundo para recuperar nuestro sexo y la maternidad, el hombre tiene que rendir su Poder y rendir las corazas levantadas contra lo que amenazaba su Poder.Y entonces afirmar que la líbido no reprimida ni sometida a reglamentación, como lo está ahora, es la sustancia emocional que hace ‘el enlace correcto’ de la urdimbre y la trama para formar el tejido social.


Aunque este tema se aborda en el capítulo V, vaya por delante que esto, en la práctica, como dice Laing, es una disolución de nuestros egos. Con esto que digo, se reconoce la inmensa dificultad que tenemos para recuperar la vida exilada en el Hades. Como es lógico, la resistencia será mayor en los hombres, porque es más difícil rendir el Poder que se tiene que dejar de perseguirlo.

Pero también las mujeres tenemos un muro que romper, puesto que el paradigma de salvación que conforma nuestro ego, es un pacto de sumisión al falo. Castradas, desprovistas de nuestro sexo, las mujeres necesitamos para sobrevivir del Poder del falo, y luchamos y rivalizamos por conseguirlo. Necesitamos el Padre que nos salva. ¿Y cómo cambiar de golpe los paradigmas, si ni siquiera nos podemos imaginar que hay algo mucho mejor que ese ideal de casarse con vestido blanco con el hombre de tu vida?

Por mucho que en el fondo sepamos que luego en la vida cotidiana ese ideal no funciona, que el Poder del falo es omnímodo y se realiza con toda la violencia necesaria, tanto física como psíquica, (y esto no es una frase sino hechos probados con las cifras de lo que eufemísticamente se llama ‘violencia doméstica’); es decir que aunque sepamos que es un ideal que se ha revelado como una falacia, al no tener otra alternativa en nuestra imaginación, atrapadas entre la compulsión de nuestro ego y la presión exterior de la Ley, empeñamos nuestras vidas en tratar de conseguirlo.

Pero por otra parte, somos criaturas que nos cuesta realizar nuestro ego, que nos cuesta ser los hombres y las mujeres que nos han ordenado que seamos. Si estamos escribiendo y leyendo estas cosas, es porque también cuesta y produce sufrimiento realizar el orden establecido. Tenemos que darnos una oportunidad, un margen de confianza, dejar a un lado las envidias y los afanes de autoafirmación social, y quitarnos un poquito las corazas para permitirnos ver qué es eso otro que está en el Hades.

Tratar de entendernos desde la perspectiva de la vida en lugar de vernos desde la perspectiva de la Realidad del Poder.

Tomemos ejemplo de nuestro cuerpo, en el que funcionan simultáneamente el corazón, el hígado, los pulmones, el cerebro, los sistemas inmunológicos, digestivos etc. etc.: cada sistema realiza su función sin jerarquización ni envidias, sino todo lo contrario; porque la armonía del conjunto depende del funcionamiento de cada parte, y el bienestar de cada parte depende del bienestar de l@s demás. ¿Por qué no pensar que puede haber otra relación entre los sexos cuya armonía dependería del desenvolvimiento y no de la represión del sexo femenino? El sexo masculino no tiene que temer la recuperación del sexo femenino, sino todo lo contrario.



La paternidad es un invento del Patriarcado, inexistente en las sociedades matrifocales (...) En este tipo de sociedad, la función masculina tiene su sentido benefactor y los hombres no tienen envidia ni necesidad de matar a la madre, ni de suplantarla, sino todo lo contrario, de velar para que a ningún niñ@ le falte su madre durante la exterogestación. El concepto de paternidad ha ido evolucionando con los ajustes que el Patriarcado ha ido realizando. En los comienzos, cuando la falocracia se ejercía al descubierto y sin camuflajes, no se revestía de ningún hálito libidinal. Era adoptiva, y cuanto más Poder tenía un hombre, más Poder tenía para escoger los hijos que le parecieran mejores, fuera quien fuera la madre, o el varón progenitor. Hoy el Poder del sexo masculino se realiza de formas más sutiles; la paternidad se homologa a la maternidad, para mayor confusión de las funciones de los sexos. El paradigma de padre moderno se presenta con un tinte de ternura y de amor, y puede presentarse homólogo al de la madre en la medida en que el ‘amor’ maternal hoy es tan sólo un sucédaneo del verdadero amor materno, desvinculado de la sexualidad femenina. Quitando a la maternidad su contenido libidinal, la homologación teórica es fácil, aunque luego las estadísticas, no se sabe por qué, prueban que en la práctica tal homologación es inexistente.

La metáfora de Moia de la urdimbre y la trama es excelente, porque afirma ambas funciones, la femenina y la masculina, y no excluye ninguna de la dos; y al mismo tiempo que señala su diferente dirección, sin que ninguna altere el curso de la otra, indica su encaje, su íntimo entrecruzamiento.



La aclaración tiene que servir para que los hombres no traten de suplantar o de interferir en la función de la líbido femenino-materna, sino de protegerla, de cuidar de que a ninguna criatura le falte su madre. En estosmomentos en que hay un movimiento en marcha para recuperar la maternidad, con toda su fuerza y su vitalidad, existe el peligro de que los hombres quieran seguir los pasos de la Medicina en la usurpación de la misma. Es muy duro perder la hegemonía y el Poder. Pero los que verdaderamente quieran ir al restablecimiento de la armonía entre los sexos y entre las generaciones, verán que lo que tienen que ganar vale mucho más que lo que dejan. Su amor y su ternura encajarán perfectamente el día en que se deje seguir su curso a la función materna, porque esa función es la promotora de la sexualidad básica humana que alcanza su punto de inflexión hacia los dos años de edad; un período de la vida humana de fuerte expansión de la sensibilidad y del placer corporal, que ahora no sólo se pierden l@s niñ@s y las mujeres, sino también los hombres.

Ni envidia del pene, ni, ahora que nos planteamos recuperar nuestro sexo y la maternidad, envidia del útero. Hay que empezar a imaginar la expansión de la sexualidad que el despliegue de la diferencia nos traería. La homologación paternidad/maternidad descansa en la necesidad del ego masculino de negar la maternidad y de afirmar su superioridad sobre el sexo femenino. Este ego no puede tolerar que haya una función social benefactora para la vida fuera de su control. No puede tolerar que las mujeres cooperen entre sí para realizar esa función social que les es propia por su sexo, y por eso, a través de la Medicina, ha conseguido el control de los embarazos, de los partos y de la crianza, rompiendo las redes de ayuda mutua entre las mujeres, los vínculos de sororidad, los restos de urdimbre que existían.



El concepto moderno de paternidad (homologado a la maternidad) se presenta como un factor de la emancipación de la mujer, pero en realidad, es la forma moderna de encubrir el matricidio. Otro factor de confusiones el trabajo asalariado que es un modo de trabajo que consagra esta forma de existir en la que la mujer y la maternidad no tienen cabida. Nunca antes del patriarcado y durante millones de años el trabajo fue incompatible con la maternidad. Y ahora, en lugar de denunciar y cuestionar el trabajo asalariado, cuya disciplina y rigidez lo hace incompatible con la maternidad, se le presenta como la panacea de la emancipación de la mujer (y el que la baja de maternidad la puede disfrutar el padre, como una gran conquista). La realidad es que, para no cuestionar el Capital (ni el Poder del sexo masculino) lo que se cuestiona es la maternidad, lo cual resulta más fácil porque ya está cuestionada. Y entre tanto a nadie le duele la cantidad de líbido materna que se sustrae a las criaturas (y a la sociedad en general).

La homologación de las funciones femenina y masculina encubre una brutal represión de la sexualidad femenina y de la sexualidad básica humana en general. La urdimbre sin la trama no forma tejido. El óvulo sin el espermatozoide no hace el zigoto. La urdimbre sola no se mantiene; la urdimbre se tiende para que la cruce la trama y formar tejido. Como señala Moia, los hilos de la urdimbre van en una dirección, y los de la trama en otra, y el sentido de cada uno cobra sentido con el sentido del otro, valga la redundancia. Como indica Moia, las direcciones son distintas, o sea, sus funciones son distintas.

Lo que ocurre es que esta diferencia hoy no es visible estando la sexualidad básica prohibida, la líbido femenina bloqueada, el sexo femenino borrado de nuestra imaginación y masculinizado, y la sociedad hecha de relaciones adultas, falocéntricas y jerarquizadas, que organizan la supervivencia con cuerpos acorazados y con sucedáneos de líbido. Las pulsiones sexuales que brotan están manipuladas y desviadas de su sentido autorregulador. La moral vigente acorde con la Ley, sólo tolera la voluptuosidad femenina en las relaciones coitales; y por eso crea el modelo de buena madre libidinalmente aséptica, representado por la Virgen María, etc. etc., y también crea el concepto de ‘lascivia’ para malignizar toda la sexualidad femenina que se sale del falocentrismo y de la exclusividad matrimonial. En cuanto a las pulsiones sexuales masculinas, esta moral las ha cargado de prepotencia; es decir, que en lugar de realizar la función autorreguladora de la vida, tienen que realizarel ego masculino con su orgullo y su machismo más o menos sutil y encubierto. Vivimos en un estado no sólo falocéntrico sino además falocrático. Lo que llamamos ‘amor’ es una patología del amor, es sadomasoquismo. En estas circunstancias es muy díficil comprender qué sería la urdimbre y qué sería la trama, y qué sería ese ‘enlace correcto’, es decir, la armonía de los sexos.

En este descenso al Hades nos vamos a ir encontrando con obstáculos y resistencias que nos cierran el paso: son los paradigmas de supervivencia a los que nos aferramos en la etapa primal de nuestras vidas. Estas resistencias, junto con la ignorancia de lo que en verdad es nuestra condición, forman el hormigón armado de nuestra coraza psicosomática, encima de la cual vive nuestro ego. Por urdimbre hay que entender ante todo una relación libidinal con la criatura, durante el embarazo, el parto y la exterogestación, que corresponde al sexo femenino, no al masculino. Hay que defender esta relación y dejar que toda la producción libidinal se vaya encajando. Pues no se está pidiendo una exclusión de los hombres, sino una participación que no altere ni se interponga en la función femenino-materna, lo cual no supondría una disminución de su participación sino todo lo contrario, pues tendría lugar una notable expansión de la misma y una notable expansión de su sexualidad tanto cuantitativa como cualitativamente.

(...)

Ni la mujer ni el hombre estamos hechos para la pareja heterosexual monogámica estable. Las que existen y duran es por la subsistencia económica y/o porque resulta un mal menor en un mundo afectivamente devastado. Pero la cópula es en sí misma un acto sexual puntual; de hecho, las criaturas nacen igual de una relación ocasional que haya tenido la madre, que de una relación larga y estable; la líbido de la cópula no crea urdimbre. Si la pareja heterosexual monogámica fuera el entorno adecuado para las criaturas, la líbido de la cópula sería distinta. Pero los estados de enamoramiento entre hombre y mujer pueden ser de mayor o menor duración. Y lo cierto es que la institución de la pareja heterosexual estable actual, no descansa en la libido, sino en la institución social, y simbólicamente en el mito de la media naranja: es una imposición de la civilización patriarcal jalonada por la historia de la dominación del hombre sobre la mujer.

Recientemente nos está llegando información de un pueblo perdido en el sur de China, los Mosuo, que tienen una organización social como la que describe Martha Moia, y que confirma su estudio antropológico. Entresacamos retazos de un artículo de la periodista Paka Diaz sobre los Mosuo:



Los mosuo tienen un asombroso sistema social en el que el matrimonio y la paternidad no existen como tales... Se suelen agrupar tres generaciones de mujeres con sus respectivos hijos. Abuelas, madres e hijas viven bajo el mismo techo sin admitir la presencia de padres o maridos. Solamente los tíos, hermanos, hijos y sobrinos... No existe el concepto del matrimonio... el sexo se practica de forma abierta y libre. Sólo hay que elegir pareja para pasar la noche... mientras el matrimonio y la fidelidad son considerados como una herejía... no dan muestras de celos. Las tragedias amorosas latinas de amantes vengativos y atormentados les hacen reír. Parecen pensar que el visitante se está burlando de ellos. "¿Cómo es posible que alguien acabe con una preciosa vida por algo tan banal como el sexo?", se preguntan tras escuchar una historia truculenta de amor y pasión occidental... Hombres y mujeres están agrupados en lo que denominan 'partidos'. Cuando un miembro joven del partido masculino y una integrante del femenino se sienten atraídos, pasan algún tiempo de relaciones, trabajando juntos... reuniéndose en un amplio centro de recreo donde se encuentran cada tarde para bailar y cantar juntos. Los chicos regalan presentes... ellas corresponden.... Una vez obtenida la aprobación de las venerables ancianas... el compromiso queda establecido. O sea que ya son pareja. Pero ni hablar de matrimonio. Son algo así como amigos con derecho a roce. A partir de ahora se llamarán 'azhu', que significa 'querido compañero'. Pero eso no significa que vayan a vivir juntos, ni mucho menos. El continúa en su casa... y sólo al ocaso se traslada a la de ella, donde tímidamente llama a la puerta para disfrutar juntos de la velada... a la mañana siguiente, el varón abandona la casa y regresa a la suya. Aunque tengan hijos juntos, ni los niños ni ningún otro miembro de la familia se referirán a él como 'padre'... los visita ocasionalmente... especialmente en sus cumpleaños o en el Año Nuevo Lunar. Son los tíos carnales de los pequeños los que se ocupan de su educación y les cuidan y regañan como si fueran sus propios hijos... Los niños corresponden... cuidando de su tíos cuando les llega la vejez... Los hombres mosuo parecen felices con el puesto que les ha tocado en esta sociedad... Los mosuo tienen su propio lenguaje, con fuertes raíces mongoles y tibetanas. Es oral, sin restos escritos, aunque la leyenda habla de un libro mosuo en el que se recoge su orígen. Al parecer, fueron unos soldados tibetanos que regresaban de la guerra y que, hartos de pelear, decidieron asentarse en este lugar donde tenían todo lo que podían desear. El orígen matriarcal es más oscuro. "Siempre ha sido así" es su respuesta invariable. El emplazamiento y la cultura de este pueblo fueron descubiertos en 1920 por unos investigadores de The National Geographic Society.

Los Mosuo, en efecto, debió de ser uno de esos pueblos que, huyendo de las guerras patriarcales, recuperaron en su nuevo asentamiento sus costumbres matrísticas, que han conseguido mantener hasta nuestros días gracias a su aislamiento.

Lo cierto es que esta descripción de Paka Díaz, aún bajo el inevitable epíteto de 'matri-arcado', se ajusta al 'ginecogrupo' que según Moia fué el modo de agrupación originario de la humanidad. Cuando se les pregunta a l@s Mosuo el por qué viven así, no tienen razón que dar y sólo dicen, invariablemente, "siempre fue así".

Hombres y mujeres ansiamos la urdimbre y su enlace correcto con la trama. Esta ansiedad es común y nos falta. Aquí es donde la imagen del mito de la media naranja nos engancha, como una aguja manipuladora que enhebra nuestra ansiedad y anhelo de bienestar y nos va cosiendo y atando a las relaciones edípicas, para que nunca nuestro anhelo nos lleve al enlace correcto de urdimbre y trama.

La condición de la líbido que sustenta la díada madre-criatura, es la que sustenta también la urdimbre, ambas hoy destruídas, con la castración de la mujer. Las pruebas están ahí: la gestación, el parto y la exterogestación son una relación de simbiosis sexual prolongada, que genera emociones y sentimientos de apego (dosis de prolactina y oxitocina durante meses y meses, y no minutos, horas o días). Este impulso sexual o pasión que exigió, y al mismo tiempo dió la estabilidad necesaria para la formación del grupo humano.

Estamos hablando del caudal de emociones de pasión y de amor de cada mujer que está hoy encenagado; de la fuente del bienestar que ha dejado de manar porque está taponada. No de diosas o de creencias socio-religiosas, sino de representaciones de "aquellas generaciones primitivas de mujeres, con cuya desaparición también desapareció la paz sobre la Tierra" y que tejieron la urdimbre de la sociedad humana del bienestar y del apoyo mutuo. Del ‘imperio’ del cuerpo concipiente. De una sociedad sin Poder, an-árquica, integrada en el continuum autopoyético y autotorregulador de Gaia.

En definitiva, que se trata de recuperar la función sexual de la mujer, y de restaurar su papel básico en la estructura de los grupos humanos.

Las imágenes paleolíticas del cuerpo de la mujer representan lo indecible e impensable en nuestra sociedad. El continente negro perdido en la sombra de nuestra civilización; la condición femenina sin archos que presupone otra masculina también an-árquica. Volveremos sobre el tema más extensamente en el próximo capítulo, y pasamos ya a ver la matrística en el Neolítico. Ya que disponemos de muchísima más información, y resulta especialmente esclarecedora."


Pueden bajar material de sus libros:
http://sites.google.com/site/casildarodriganez/capitulo-ii-de-el-asalto-al-hades
http://sites.google.com/site/casildarodriganez/

lunes, 22 de febrero de 2010

VALIE EXPORT: LA MIRADA AUDAZ

Valie Export es uno de los grandes referentes artísticos para hablar del vínculo entre feminismo y arte contemporáneo. Valie Export, Adrian Piper, Lygia Clark, Carolee Schneemann, Maria Lassnig y Marina Abramovic optaron por la performance y rechazaron el medio pictórico, ya que creían que era una forma artística no limitada por tradiciones restrictivas, sino que era más abierta y experimental, permitía crear nuevos significados y carecía de una historia de contenidos preconcebidos. Leyeron a Woolf y a Gertrude Stein, las pioneras del pensamiento femenino: "Woolf era un ejemplo brillante del vínculo entre una sensibilidad femenina y una pulsión artística creadora que lleva a modelos universales", afirma Export.

Los temas abordados en aquellas performances o "arte total" aludían a los métodos en que las mujeres eran marginadas o ignoradas de forma que el espectador tomaba conciencia de sí mismo al detectar las jerarquías de poder camufladas en la historia de la representación artística. La construcción de la feminidad empezaba a ser cuestionada por las prácticas feministas revolucionarias que rompían los esquemas lacanianos que consideran a la mujer simplemente una parte de esa Otredad de la cual se protegen la identidad masculina y la cultura occidental.

En su trabajo, Valie Export cree que sí es posible una inversión "femenina" de la perspectiva, lo que llevaría a la existencia del Otro del Otro. El lenguaje del cuerpo intentaría hablar como mujer dentro de un espacio teórico hostil, crearía una nueva óptica femenina que implicase una relación diferente con el espacio y el tiempo.

"Export significa siempre y en todas partes" declaró Valie Export en una entrevista de 1996. "Significa que no me exporto". En una fotografía en blanco y negro titulada Smart Export/Sebporträt (Smart Export/ Autorretrato 1967/1970) aparece la artista vestida al estilo del movimiento juvenil de protesta a finales de los años sesenta, lleva un cigarrillo en la comisura de los labios y ofrece una cajetilla de SMART EXPORT en la que aparecen estampados su nombre y un retrato: "Valie Export -semper et ubique - immer und überall" (es decir, siempre y en todas partes).



La artista quería que su nombre artístico apareciera siempre 'escrito en mayúsculas', ya que así tenía el impacto de un manifiesto y la calidad de un logotipo. Combinado con la leyenda 'MADE IN AUSTRIA' (FABRICADA EN AUSTRIA) este nombre transmitía la idea de que la producción de arte también es la producción de artículos y relacionaba ese concepto con el hecho de que las mujeres se consideren artículos tanto dentro como fuera del mundo del arte.

“Lo decidí cuando comencé con mi labor artística, hacia 1967. Pensé sobre mi nombre, y pensé que no quería tener el nombre de mi padre, que no quería tener el nombre de mi marido, quería tener mi propio nombre. Así que elegí "Export" porque quería exportar mis ideas, salir de mi misma, y "Valie" era un mote. Así que con mi mote y con "Export" (de exportar mis ideas) me inventé mi nombre.”

Así explica esta artista austríaca la metamorfosis que experimentó cuando decidió pasar de ser Waltrud Lehner-Hollinger, a ser Valie Export, el nombre artístico con el que es conocida internacionalmente. Ese cambio tiene mucho que ver con una de las inquietudes básicas que late en toda la obra de Export, y que no es otro que el de la identidad o, mejor dicho, el de la doble identidad, ya que todos los seres humanos tenemos una identidad social asociada probablemente de una manera indisoluble a la identidad personal, y acerca del juego entre las dos polaridades (social-personal), cómo una conforma a la otra y viceversa, ésta es una de las piedras filosofales de esta artista.



Sus inicios estuvieron vinculados al accionismo vienés de los años sesentas, un movimiento formado en su mayor parte por hombres, y que tenía en el propio cuerpo el campo de formulación artística esencial, con la realización de performances que buscaban sacar de su comodidad a la sociedad austríaca. Al igual que sus compañeros del accionismo vienés, Valie Export intentaba superar los límites impuestos por los tabúes y enfrentarse a un público de clase media que, después de la Segunda Guerra Mundial, había vuelto rápidamente a la `vida normal´.



No obstante, las acciones, performances, fotografías y videos de Valie Export se diferenciaban de este movimiento en dos aspectos. En primer lugar, eran categóricamente feministas y destruían las imágenes de mujeres que había impuesto una sociedad dominada por hombres. De ahí que Export definiera sus heridas autoinfligidas -como en la película ...Remote..Remote (1973), en la que se hirió las yemas de los dedos con unas tijeras hasta hacerse sangre- no como la expresión de un impulso masoquista individual sino más bien, desde su punto de vista, como "signos de la historia, descubiertos en acciones relacionadas con el cuerpo" (v.Export en el ensayo Feminist Actionism, 1979).



Del mismo modo, con la liga que se tatuó en la parte superior del muslo izquierdo en Body Action (Acción simbólica corporal, 1970) pretendía erigirse en 'símbolo de esclavitud pasada'.





En segundo lugar, sin embargo, la producción artística de Export desde el comienzo debía ser una crítica de los medios de comunicación. Nunca consideró la fotografía, la película o el video como elementos neutrales o documentales. En su texto Mediale Anagramme (Anagramas de los medios de comunicación, 1990), describió su trabajo como "cuadernos en los que las páginas, notas, o imágenes se cambian repetidas veces a distintas relaciones y nuevos significados hacen posible un nuevo concepto. El medio no sólo no es el mensaje, o, por decirlo de otro modo, el medio no es sólo UN mensaje". El principio anagramático de ordenar los elementos existentes para producir siempre nuevos significados también es caracteristico de la utilización que hace Export de los medios digitales de fines de los ochenta, como el CD-Rom Bilder der Berüngen (Imágenes de contacto, 1998), que no sólo contiene un archivo audiovisual completo de sus obras realizadas a lo largo de tres décadas, sino que además, permite modificar el orden de visualización mediante técnicas interactivas.

"Si las mujeres abandonaran a sus maridos y a sus hijos y la sociedad lo tolerara tanto legal como socialmente, como en el caso de los hombres; si las mujeres consiguieran esto, desarrollarían una creatividad igual de rica."
Export pronto se desmarcó del accionismo vienés. Su identidad como mujer y la búsqueda de un camino personal la condujeron a entrar de lleno en reflexiones acerca del papel que había desempeñado históricamente la mujer en la historia del arte, y cómo los esquemas patriarcales habían definido una cierta identidad femenina, por lo cual se puede decir que su arte entra en los postulados del arte feminista.

“De alguna manera me enteré por revistas y periódicos que existía algo llamado feminismo, en concreto por medio de revistas americanas. En Europa realmente no existía, pero surgió con el movimiento estudiantil: el pensar sobre lo que significaba ser una estudiante, y también ser madre, tener o no una familia. Me puse a trabajar sobre la manera en que la Historia del Arte muestra los comportamientos femeninos, en cómo trata a las mujeres o los temas femeninos. A través de ello pude hacer que mi arte llevase un mensaje social” como explica ella misma en una entrevista firmada por Sibley Labandeira y Laura Doñate. Valie Export intenta, a partir de los años sesenta, revelar y desmantelar el régimen de visión patrircal y las estructuras de poder que favorecen imágenes de "feminidad".



Para transmitir su mensaje, Export utiliza diferentes técnicas artísticas: performance, cine, fotografías, dibujos, instalaciones, vídeo. Una de sus performances más comentadas fue la que realizó en el año 1969 a la que tituló Aktionshose: Genitalpanik (Acciones de pantalón: Pánico genital), se paseó por las filas de un cine porno vestida con unos pantalones con la costura de la entrepierna descosida y sosteniendo una metralleta, ante unos espectadores que deseaban ver imágenes genitales en la pantalla.


Valie Export (Linz, Austria, 1940)

Amenazados tanto física como psicológicamente por el arma y por el "cambio ontológico" de una imagen pornográfica a los genitales femeninos reales, los expectadores abandonaron el cine. “Esta acción es una metáfora sobre el discurso feminista de autoafirmación de la diferencia con evidentes referencias críticas a la teoría freudiana sobre el complejo de castración. Blandiendo el símbolo fálico del arma destructiva, Valie Export asumía un rol activo y de verdadero poder, mostrando la propia naturaleza de la diferencia sexual.” (Programa del Festival Internacional de Fotografía de Castilla y León 2006)



Un año antes, en 1968, había puesto de manifiesto la imagen que ofrecía de la mujer el cine convencional, y había salido a la calle para realizar la performance Tapp und Tastkino (Cine de tacto), en la que su pareja sentimental por aquel entonces, Peter Weibel, invitaba a los transeúntes con un megáfono a que tocaran los pechos desnudos de Valie que estaban ocultos detrás de una caja con unas cortinas, rompiendo la imagen de la mujer como un objeto pasivo y entrando de lleno en el cuestionamiento de conceptos como el de voyeurismo o el exhibicionismo.



Ella transformó la situación vouyeurística del cine en un "cine ampliado", sustituyendo la imagen cinematográfica de la "feminidad" definida por los hombres por su propio cuerpo real y devolviendo la mirada a los que la observaban, convirtiéndolos a su vez en objetos que podían contemplarse.

Superponiendo o estratificando distintas representaciones del mismo tema, Export evidencia no sólo la naturaleza construída de las imágenes sino también el modo potencial de cambiarlas. También señala la influencia mutua y la interrelación existente entre imagen y realidad. Un buen ejemplo de esta estrategia es una serie de fotografías en las que aparecen mujeres posando con objetos domésticos en las postura de las madonnas del Renacimiento. En Die Putzfrau (Fotoobjekt nach Tizian) (La mujer de la limpieza, fotografía inspirada en Tiziano, 1976) se superponen dos estereotipos de contradictorios: un cliché idealizado de la alta cultura y otro peyorativo de cultura popular.



Una opción parar la destrucción de las identidades sexuales heredadas y los papeles definidos socialmente (como el de la maternidad) es la extensión tecnológica o el traslado de funciones corporales biológicas. Con un ojo puesto en Sigmund Freud, que veía a la especie humana como el "dios ortopédico", la instalación de Valie Export Fragmente der Bilder einer Berührung (1994) resalta las tecnologías de la reproducción, que (sean cuales sean las críticas alegadas) también pueden contribuír a la "liberación de la carga que supone el cuerpo"(en palabras de Export): se iban apagando progresivamente unas bombillas y se sumergían en recipientes de cristal llenos de leche, aceite o agua y después se retiraban. El procedimiento técnico evocaba un acto físico sexual y, por lo tanto, la visión ambivalente de la liberación del cuerpo, lo cual para Valie Export equivale a trascender el principio de la realidad.



En la obra de Export el sexo también se muestra con un componente de dolor, de derramamiento de sangre, como en Mann, Frau & Animal (Hombre, Mujer, Animal, 1973), que se inicia con la búsqueda de un placer masturbatorio hasta llegar a un final sangriento, o en Eros/sión (1973) en la que se revuelva en cristales rotos, se quema con cera caliente, recorriendo un camino entre la violencia y el sexo.



Entrevista a Valie Export

Calificada como provocadora, idealista, feminista, comprometida, política. Valie Export es, en definitiva, una artista que ha sabido atreverse con todo, marcando y abriendo el camino conceptual que ya habían comenzado a recorrer otras antes.

En 1967 Waltrud Lehner-Hollinger (Linz, Austria, 1940) decide convertirse en Valie Export. Dos años después sale a la escena pública como marca registrada a través de un pastiche publicitario, "Valie Export-Smart Export". Ya en esta obra temprana encontramos algunas de las constantes de su obra, como son el tema de la identidad, el cuestionar los medios de comunicación y su afán por destruir la imagen tradicional de la mujer como objeto.

La actividad de esta pionera se caracteriza por la valentía, tanto a la hora de elegir sus temas como a la de enfrentarse a todo tipo de medios de expresión. Desde el dibujo y los soportes multimedia, hasta su propio cuerpo en el espacio público. Prueba de ello son sus acciones, fotografías, esculturas, instalaciones, dibujos y películas.

Toda su obra está impregnada de interés por el psicoanálisis, por el lenguaje y el vacío existente entre las representaciones mediáticas y la realidad. Con gran audacia y cierto sentido del humor busca demostrar el sin sentido de las identidades impuestas, sea por los medios de masas o por la tradición. En cualquier caso, hemos de buscar nuestra identidad dentro de nosotros mismos como hace ella en cada una de sus obras.

¿Cuándo y por qué decidiste adoptar el nombre de Valie Export?< ¿Qué simboliza?
Lo decidí cuando comencé con mi labor artística, hacia 1967. Pensé sobre mi nombre, y pensé que no quería tener el nombre de mi padre, que no quería tener el nombre de mi marido, quería tener mi propio nombre. Así que elegí "Export" porque quería exportar mis ideas, salir de mi misma, y "Valie" era un mote. Así que con mi mote y con "Export" (de exportar mis ideas) me inventé mi nombre.

Así que no es un alter ego como Rose Sélavy para Marcel Duchamp, se podría decir que es la identidad que has elegido.
Sí, es una identidad escogida.

La identidad ha sido un tema crucial durante el siglo XX, ¿por qué crees que ha sido así?
Supongo que porque en el siglo pasado han sucedido muchas cosas para encontrar una identidad o para hablar de identidad. Por ejemplo, podemos decir "todos somos iguales, todos estamos liberados, todos tenemos una especie de libertad, no hay separación, no hay personas inferiores ni personas superiores", así que tenemos una especie de identidad social, una identidad única, pero dentro de esto tenemos nuestra propia identidad. Esto hace que tengas tu propia identidad, tu ser, y la otra identidad. Así que es interesante pensar que todos los seres humanos son iguales, que tienen de alguna manera la misma identidad, y, a la vez, que cada uno tenemos la nuestra. Por eso este tema era, es, muy importante para mí, el pensar qué significa mi identidad en la sociedad, qué significa mi identidad en la civilización, qué significa para mi misma. La cuestión es ¿quién soy yo?, ¿qué significa una identidad artística?, ¿qué significa una identidad privada? Así que descubrí que tenemos muchas identidades, y que hay que unirlas todas, pues si no lo haces te vuelves loco.

Durante el siglo XX los roles sociales, masculino y femenino, han sufrido muchos cambios, ¿ha sido el arte un factor importante para que esto ocurra?
Sufrido no, evolucionado. Sí, desde luego. El arte es una especie de vanguardia, aunque ya no se use ese término. El arte siempre está explicando algo sobre la cultura, también sobre la identidad femenina y la masculina. Pero no sólo ha sido importante el arte, sino también la psicología y la semántica.

¿Qué artistas te han inspirado y qué artistas contemporáneos te interesan?
En los sesenta sentía mucha curiosidad, no puedo hablar de inspiración exactamente, pero había una conciencia común, trabajábamos en temas parecidos y teníamos los mismos pensamientos. Por ejemplo Yvonne Rainer. No ha habido tantas mujeres artistas en Europa. Tenía un pensamiento o un sentir común con Michael Snow. De alguna manera me enteré por revistas y periódicos que existía algo llamado feminismo, en concreto por medio de revistas americanas. En Europa realmente no existía, pero surgió con el movimiento estudiantil: el pensar sobre lo que significaba ser una estudiante, y también ser madre, tener o no una familia. Me puse a trabajar sobre la manera en que la Historia del Arte muestra los comportamientos femeninos, en cómo trata a las mujeres o los temas femeninos. A través de ello pude hacer que mi arte llevase un mensaje social.

¿Crees que en esa vía aún quedan cosas que decir?
Bueno no conozco lo nuevo, si lo conociera te podría contestar, pero creo que el proceso es continuo siempre. Aunque ya se han dicho muchas cosas, se pueden decir muchas más. En cualquier caso no se debería parar.

Empleas tu cuerpo en muchas ocasiones, ¿por qué?. ¿Crees que es la mejor manera de transmitir tus ideas?
Sí, uso mi cuerpo. Está bien.

También usas el vídeo, la performance, la fotografía. ¿Cuál es la mejor manera de transmitir tus ideas?. ¿Depende de lo que tengas que decir?
Pienso en lo que de verdad quiero decir. Uso los llamados "nuevos medios", ya desde los años 60, los 70 y los 80. Medios como el vídeo me permitían trabajar con el espacio y el tiempo, y la fotografía sobre la idea de la representación, el sujeto y el objeto.

Has sido muy valiente como artista, ¿eres igual de intrépida en tu vida cotidiana?
Creo que sí, creo que siempre soy igual.

¿De todas tus obras de arte cuál es la que mayor satisfacción te ha dado?No te lo puedo decir, depende. Por ejemplo en mi exhibición en Sevilla, donde había más de 80 obras, al recorrerla y ver algunas obras era capaz de decir "éste era un buen momento".

¿Cómo describirías la evolución de tu trabajo, establecerías períodos o es todo un largo proceso?
Es un proceso, siempre es un proceso. No podría establecer diferentes períodos. Ahora por ejemplo dibujo, y es una locura dibujar después de usar los nuevos medios. Pero dibujo. Dibujo olas porque las olas son algo efímero, no existen nunca, cada ola cambia constantemente en millones de millones de segundos, nunca se da la misma ola. Y esto me resultaba interesante (lo efímero), pensé que podría mostrar algo en un medio verdaderamente efímero, por ejemplo instalaciones hechas a partir de lásers; el láser también es muy efímero, no tienes nada, sólo el láser, el rayo, todo está en el ordenador.

¿Por qué este interés por lo efímero? ¿Para darle mayor protagonismo a la idea frente a la materia?No, me interesa porque todo es efímero. Pensamos, tenemos una memoria, nuestra memoria individual y la colectiva, pero en realidad siempre están cambiando, y todo depende de cómo veas tu memoria o cómo te posiciones.

Como profesora en la Universidad de Wisconsin, ¿cuál es la lección o la idea más importante que intentas transmitir a tus estudiantes?
Que descubran lo que pueden hacer, esto es lo más importante. Encontrar sus talentos, que vean cuánto pueden crecer y cómo, en qué pueden trabajar. Esto es lo más importante y sólo se alcanza hablando, dialogando. Y también les explico los distintos medios con los que pueden trabajar.

¿Aprendes tú de ellos?
Sí claro, yo también aprendo. Siempre es muy gracioso ver toda esa obra artística joven. A veces me recuerda a las obras de los 60, pero otras veces es absolutamente nueva. Uno puede ver las raíces pero sale de otro comportamiento, de otra batalla. Debería ser otra batalla, los años pasan.

¿Qué diferencia ves entre tus estudiantes y los estudiantes de tú época? ¿Han cambiado los intereses o sólo el acercamiento?
Ambos, lo que expresan y la actitud. Una cosa que realmente echo en falta, pero no sólo en mis estudiantes sino en general, es que ya no se trata la situación social o política. Aunque sí puedo decir que en los últimos dos o tres años han vuelto a surgir temas como el feminismo y otros intereses socio-políticos.

¿Hacia dónde crees que se dirige el arte ahora?
No puedo decir hacia donde va, pero debería llevarnos a una concienciación o un despertar, un entendimiento.

¿En qué estás trabajando actualmente, además de los dibujos de olas que has mencionado anteriormente?
En una obra cuyo soporte es informático, pero yo no hago la programación, no sé programar. Ves tus propios ojos en la pantalla, tú puedes seguir el movimiento de tus ojos, y cuanto más sigues su movimiento más se van borrando. Después se lee un texto, y sigue otro. Lo que viene a decir es que si quieres ver tus ojos lo mejor es mirar directamente pero no ocurre nada. Sin embargo si quieres ver donde miran tus ojos entonces los borras. Tiene que ver con la persecución, con la realidad, porque siempre hay algo detrás, y detrás de eso también hay algo, y así sucesivamente.

Es como si quisieras decir que para vernos tenemos que mirarnos directamente a los ojos.

Pero si hacemos eso entonces no cambiamos. Si fijas la mirada nada resuelves, por ejemplo, en las normas sociales o en las leyes. Así no cambias nada. Si te mueves puedes cambiar, hay que estar moviéndose siempre.

Sibley Labandeira
Laura Doñate

Fuentes: Texto de Bárbara Hess extraído del libro "Mujeres artistas de los siglos XX y XXI", Taschen y blog lavidanoimitaalarte.blogspot.com
Link: http://www.valieexport.at/en/valie-exports-home/
Entrevista: http://www.ucm.es/info/arte2o/documentos/valliexport.htm

jueves, 18 de febrero de 2010

LA MUJER SALVAJE - "Mujeres que corren con los lobos" - Clarisa Pinkola Estés

"Introducción: CANTANDO SOBRE LOS HUESOS
Tanto los animales como la Mujer Salvaje son especies en peligro de extinción. En el transcurso del tiempo hemos presenciado cómo se ha saqueado, rechazado y reestructurado la naturaleza femenina instintiva. Durante largos períodos, ésta ha sido tan mal administrada como la fauna silvestre y las tierras vírgenes. Durante miles de años, y basta mirar el pasado para darnos cuenta de ello, se la ha relegado al territorio más yermo de la psique. A lo largo de la historia, las tierras espirituales de la Mujer Salvaje han sido expoliadas o quemadas, sus guaridas se han arrasado y sus ciclos naturales se han visto obligados a adaptarse a unos ritmos artificiales para complacer a los demás.



No es ninguna casualidad que la prístina naturaleza virgen de nuestro planeta vaya desapareciendo a medida que se desvanece la comprensión de nuestra íntima naturaleza salvaje. No es difícil comprender por qué razón los viejos bosques y las ancianas se consideran unos recursos de escasa importancia. No es ningún misterio. Tampoco es casual que los lobos y los coyotes, los osos y las mujeres inconformistas tengan una fama parecida. Todos ellos comparten unos arquetipos instintivos semejantes y, como tales, se les considera erróneamente poco gratos, total y congénitamente peligrosos y voraces.

Mi vida y mi trabajo como psicoanalista junguiana, poeta y cantadora, guardiana de los antiguos relatos, me han enseñado que la maltrecha vitalidad de las mujeres se puede recuperar efectuando amplias excavaciones "psíquico-arqueológicas" en las ruinas del subsuelo femenino. Recurriendo a estos métodos conseguimos recobrar las maneras de la psique instintiva natura y, mediante su personificación en el arquetipo de la Mujer Salvaje, podemos discernir las maneras y los medios de la naturaleza femenina más profunda. La mujer moderna es un borroso torbellino de actividad. Se ve obligada a serlo todo para todos. Ya es hora de que se restablezca la antigua sabiduría.

El título de este libro, Las mujeres que corren con los lobos: Mitos y relatos del arquetipo de la Mujer Salvaje, procede de mis estudios de biología acerca de la fauna salvaje y de los lobos en particular. Los estudios de los lobos Canis lupus y Canis rufus son como la historia de las mujeres,tanto en lo concerniente a su coraje como a sus fatigas.

Los lobos sanos y las mujeres sanas comparten ciertas características psíquicas; una aguda percepción, un espíritu lúdico y una elevada capacidad de afecto. Los lobos y las mujeres son sociales e inquisitivos por naturaleza y están dotados de una gran fuerza y resistencia. Son también extremadamente intuitivos y se preocupan con fervor por sus vástagos, sus parejas y su manada. Son expertos en el arte de adaptarse a las circunstancias siempre cambiantes y son fieramente leales y valientes.



Y sin embargo, ambos han sido perseguidos, hostigados y falsamente acusados de ser voraces, taimados y demasiado agresivos y de valer menos que sus detractores. Han sido el blanco de aquellos que no sólo quisieran limpiar la selva sino también el territorio salvaje de la psique, sofocando lo instintivo hasta el punto de no dejar ni un rastro de él. La depredación que ejercen sobre los lobos y las mujeres aquellos que no los comprenden es sorprendentemente similar.

Por consiguiente, fue ahí, en el estudio de los lobos, donde por primera vez cristalizó en mí el concepto del arquetipo de la Mujer Salvaje. He estudiado también a otras criaturas como, por ejemplo, el oso, el elefante y esos pájaros del alma que son las mariposas. Las características de cada especie ofrecen abundantes indicios de lo que es posible reconocer acerca de la psique instintiva femenina.

La naturaleza salvaje ha pasado doblemente a mi espíritu por mi nacimiento en el seno de una familia mexicano-española y más tarde por mi adopción por parte de una familia de fogosos húngaros. Me crié cerca de la frontera de Michigan, rodeada de bosques, huertos y tierras de labranza y no lejos de los Grandes Lagos. Allí los truenos y los relámpagos eran mi principal alimento. Por la noche los maizales crujían y hablaban en voz alta. Allá arriba en el norte, los lobos acudían a los claros del bosque a la luz de la luna, y brincaban y rezaban. Todos podíamos beber sin temor de los mismos riachuelos.

Aunque entonces no la llamaban con ese nombre, mi amor por la Mujer Salvaje nació cuando era niña. Más que una atleta, yo era una esteta cuyo único deseo era ser una caminante extasiada. En lugar de las sillas o las mesas, prefería la tierra, los árboles y las cuevas, pues sentía que en aquellos lugares podía apoyarme cotra la mejilla de Dios.

El río siempre pedía que lo visitara después del anochecer, los campos necesitaban que alguien los recorriera para poder expresarse en susurros. Las hogueras necesitaban que las encendieran de noche en el bosque y las historias necesitaban que las contaran fuera del alcance del oído de los mayores.

Tuve la suerte de criarme en medio de la Naturaleza. Allí los rayos me enseñaron lo que era la muerte repentina y la evanescencia de la vida. Las crías de los ratones me enseñaron que la muerte se mitigaba con la nueva vida. Cuando desenterré unos "abalorios indios", es decir, fósiles sepultados en la greda, comprendí que la presencia de los seres humanos se remontaba a muchísimo tiempo atrás. Aprendí el sagrado arte del adorno personal engalanándome la cabeza con mariposas, utilizando las luciérnagas como alhajas nocturnas y las ranas verde esmeralda como pulseras.

Una madre loba mató a uno de sus cachorros mortalmente herido; así me enseñó la dura compasión y la necesidad de permitir que la muerte llegara a los moribundos. Las peludas orugas que caían de las ramas y volvían a subir con esfuerzo me enseñaron la virtud de la perseverancia, y su cosquilleo sobre mi brazo me enseñó cómo cobra vida la piel. El hecho de trepar a las copas de los árboles me reveló la sensación que el sexo me haría experimentar más adelante.



La generación a la que yo pertenezco, posterior a la Segunda Guerra Mundial, creció en una época en que a la mujer se la trataba como una niña y una propiedad. Se la mantenía como un huerto en barbecho... pero, por suerte, el viento siempre llevaba consigo algunas semillas silvestres. A pesar de que no se aprobaba lo que escribían, las mujeres seguían trabajando con ahínco. A pesar de que se reconocía el menor mérito a lo que pintaban, sus obras alimentaban el espíritu. Las mujeres tenían que suplicar a fin de conseguir los instrumentos y los espacios necesarios para su arte y, si no obtenían nada, hallaban su espacio en los árboles, las cuevas, los bosques y los roperos.

El baile apenas se toleraba en el menor de los casos, por lo cual ellas bailaban en el bosque donde nadie podía verlas, o en el sótano, o cuando salían a sacar la basura. Su acicalamiento suscitaba recelos. Un cuerpo o un vestido llamativos aumentaban el peligro de sufrir daños o agresiones sexuales. Ni siquiera podían considerar suyas las prendas de vestir que llevaban.

Era una época en la que los padres que maltrataban a sus hijos eran llamados simplemente "severos", en la que las heridas espirituales de las mujeres tremendamente explotadas se calificaban de "agotamientos nerviosos", en la que las chicas y las mujeres bien fajadas, refrenadas y abozaladas se llamaban "buenas" y las hembras que conseguían quitarse el collar para disfrutar de uno o dos momentos de vida se tachaban de "malas".



Por consiguiente, como otras muchas mujeres antes y después de mí, viví mi vida como una criatura disfrazada. Tal como habían hecho mis parientes y amigas, mayores que yo me contoneaba-tambaleaba sobre zapatos de tacón y me ponía vestido y sombrero para ir a la iglesia. Pero mi espléndida cola asomaba a menudo por debajo del dobladillo de la falda y movía tanto las orejas que el sombrero se me caía por lo menos sobre los ojos y, a veces, hasta cruzaba volando la habitación.

No he olvidado la canción de aquellos siniestros años, hambre del alma, la canción del alma hambrienta. Pero tampoco he olvidado el jubiloso canto hondo cuyas palabras evocamos cuando nos entregamos a la tarea de la restauración del alma.

Como un sendero en el bosque que poco a poco se va borrando hasta que, al final, se reduce a casi nada, la teoría psicológica tradicional también se agota demasiado pronto cuando se trata de analizar a la mujer creativa, talentosa y profunda. La psicología tradicional se muestra a menudo muy parca y totalmente silenciosa a propósito de las cuestiones más profundas e importantes para las mujeres: lo arquetípico, lo intuitivo, lo sexual y lo cíclico, las edades de las mujeres, la manera de actuar de una mujer, su sabiduría y su fuego creador. Todo cuanto ha guiado durante dos décadas mi trabajo acerca del arquetipo de la Mujer Salvaje.

No se puede abordar la cuestión del alma femenina moldeando a la mujer de manera que se adapte a una forma más aceptable según la definición de la cultura que la ignora, y tampoco se puede doblegar a una mujer con el fin de que adopte una configuración intelectualmente aceptable para aquellos que afirman ser los portadores exclusivos del conocimiento. no, eso es lo que ya ha dado lugar a que millones de mujeres que empezaron siendo unas potencias fuertes y naturales se hayan convertido en unas extrañas en sus propias culturas. El objetivo tiene que ser la recuperación de las bellas y naturales formas psíquicas femeninas y la ayuda a las mismas.

Los cuentos de hadas, los mitos y los relatos proporcionan interpretaciones que aguzan nuestra visión y nos permiten distinguir y reencontrar el camino trazado por la naturaleza salvaje. Las enseñanzas que contienen nos infunden confianza: el camino no se ha terminado sino que sigue conduciendo a las mujeres hacia el conocimiento cada vez mas profundo de si mismas. Los senderos que todos seguimos son los del Yo instintivo innato y salvaje.



La llamo Mujer Salvaje porque estas dos palabras en concreto, "mujer" y "salvaje", son las que crean el llamar o tocar a la puerta, la mágica llamada a la puerta de la profunda psique femenina. Llamar o tocar a la puerta significa literalmente tañer el instrumento del nombre para hacer que se abra una puerta. Significa utilizar unas palabras que dan lugar a la abertura de un pasadizo. Cualquiera que sea la cultura que haya influido en la mujer, ésta comprende intuitivamente las palabras "mujer" y "salvaje".

Cuando las mujeres oyen esas palabras, despierta y renace en ellas un recuerdo antiquísimo. Es el recuerdo de nuestro absoluto, innegable e irrevocable parentesco con el femenino salvaje, una relación que puede haberse convertido en fantasmagórica como consecuencia del olvido, haber sido enterrada por un exceso de domesticación y proscrita por la cultura circundante, o incluso haberse vuelto ininteligible. Puede que hayamos olvidado los nombres de la Mujer Salvaje, puede que ya no contestemos cuando ella nos llama por los nuestros, pero en lo más hondo de nuestro ser la conocemos, ansiamos acercarnos a ella; sabemos que nos pertenece y que nosotras le pertenecemos.

Nacimos precisamente de esta fundamental, elemental y esencial relación y de ella derivamos también en esencia. el arquetipo de la Mujer Salvaje envuelve al ser alfa matrilíneo. Hay veces en que la percibimos, aunque sólo de manera fugaz, y entonces experimentamos el ardiente deseo de seguir adelante. Algunas mujeres perciben este vivificante "sabor de lo salvaje" durante el embarazo, durante la lactancia de los hijos, durante el milagro del cambio que en ellas se opera cuando crían a un hijo o cuando cuidan una relación amorosa con el mismo esmero que se cuida un amado jardín.



La existencia de la Mujer Salvaje también se percibe a través de la visión; a través de la contemplación de la sublime belleza. Yo la he percibido contemplando lo que en los bosques llamamos una puesta de sol "de Jesús Dios". La he sentido en mi interior viendo venir a los pescadores del lago en el crepúsculo con las linternas encendidas y, asimismo, contemplando los dedos de los pies de mi hijo recién nacido, alineados como una hilera de maíz dulce. La vemos donde la vemos, o sea, en todas partes.

Viene también a nosotras a través del sonido; a través de la música que hace vibrar el esternón y emociona el corazón; viene a través del tambor, del silvido, de la llamada y del grito. Viene a través de la palabra escrita y hablada; a veces, una palabra, una frase, un poema o relato es tan sonoro y acertado que nos induce a recordar, por lo menos durante un instante, de que materia estamos hechas realmente y donde esta nuestro verdadero hogar.

Estos transitorios "sabores de lo salvaje" se perciben durante la mística de la inspiración... ah, aquí esta; oh, ya se ha ido. El anhelo que sentimos de la Mujer Salvaje surge cuando nos tropezamos con alguien que ha conseguido establecer una relación indómita. El anhelo aparece cuando una se da cuenta de que ha dedicado muy poco tiempo a la hoguera mística o a la ensoñación, y demasiado poco a la propia vida creativa, a la obra de su vida o a sus verdaderos amores. Y, sin embargo, son estas fugaces experiencias que se producen trato a través de la belleza como de la perdida las que nos hacen sentir desnudas, alteradas y ansiosas hasta el extremo de obligarnos a ir en pos de la naturaleza salvaje. Y llegamos al bosque o al desierto o a una extensión nevada y nos ponemos a correr como locas, nuestros ojos escudriñan el suelo, aguzamos el oído, buscando arriba y abajo, buscando una clave, un vestigio, una señal de que ella sigue viva y de que no hemos perdido nuestra oportunidad. Y, cuando descubrimos su huella, lo típico es que las mujeres corramos para darle alcance, dejemos el escritorio, dejemos la relación, vaciemos nuestra mente, pasemos la página, insistamos en hacer una pausa, quebrantemos las normas y detengamos el mundo, pues ya no podemos seguir sin ella.

Si las mujeres la han perdido, cuando la vuelvan a encontrar, pugnarán por conservarla para siempre. Una vez que la hayan recuperado, lucharán con todas sus fuerzas para conservarla, pues on ella florece su vida creativa; sus relaciones adquieren significado, profundidad y salud; sus ciclos sexuales, creativos, laborales y lúdicos se restablecen; ya no son el blanco de las depredaciones de los demás, y tienen el mismo derecho a crecer y prosperar según las leyes de la naturaleza. Ahora su cansancio-del-final-de-la-jornada procede de un trabajo y un esfuerzo satisfactorios, no del hecho de haber estado encerradas en un esquema mental, una tarea o una relación excesivamente restringidos. Saben instintivamente cuándo tienen que morir las cosas y cuándo tienen que vivir; saben cómo alejarse y cómo quedarse.

Cuando las mujeres reafirman su relación con la naturaleza salvaje, adquieren una observadora interna permanente, una conocedora, una visionaria, un oráculo, una inspiradora, un ser intuitivo, una hacedora, una creadora, una inventora y una oyente que sugiere y suscita una vida vibrante en los mundos interior y exterior. Cuando las mujeres están próximas a esta naturaleza, dicha relación resplandece a través de ellas. Esa maestra, madre y mentora salvaje sustenta, contra viento y marea, la vida interior y exterior de las mujeres.



Por consiguiente, aquí la palabra "salvaje" no se utiliza en su sentido peyorativo moderno con el significado de falto de control sino en su sentido original que significa vivir una existencia natural, en la que la criatura posee una integridad innata y unos limites saludables. Las palabras "mujer" y "salvaje" hacen que las mujeres recuerden quienes son y que es lo que se proponen. Personifican la fuerza que sostiene a todas las mujeres.

El Arquetipo de la Mujer Salvaje se puede expresar en otros términos igualmente idóneos. Esta poderosa naturaleza psicológica se puede llamar naturaleza instintiva, pero la Mujer Salvaje es la fuerza que se oculta detrás de ella. Se puede llamar psique natural, pero detrás de ella está también el arquetipo de la Mujer Salvaje. Se puede llamar la naturaleza autóctona o intrínseca de las mujeres. En poesía se podría llamar lo "Otro" o los "siete océanos del universo" o "los bosques lejanos" o "La Amiga". En distintas psicologías y desde distintas perspectivas quizá se podría llamar el "id", el Yo, la naturalza medial. En biología se llamaría la naturaleza típica o fundamental.

Pero, puesto que es tácita, presciente y visceral, entre las cantadoras se la llama la naturaleza sabia e inteligente. A veces se la llama la "mujer que vive al final del tiempo" o la "que vive en el borde del mundo". Y esta criatura es siempre una hechicera-creadora o una diosa de la muerte o una doncella que desciende o cualquier otra personificación. Es al mismo tiempo amiga y madre de todas las que se han extraviado, de todas las que necesitan aprender, de todas las que tienen un enigma que resolver, de todas las que andan vagando y buscando en el bosque y en el desierto.

De hecho, en el inconsciente psicoide -un inefable estrato de la psique, del cual emana este fenómeno- la Mujer Salvaje es tan inmensa que no tiene nombre. Pero, dado que esta fuerza engendra todas las facetas importantes de la feminidad, aquí en la tierra se la denomina con muchos nombres, no sólo para poder examinar la miríada de aspectos de su naturaleza, sino también para aferrarse a ella. Puesto que al principio de la recuperación de nuestra relación con la Mujer Salvaje, ésta se puede esfumar en un instante, al darle un nombre podemos crear para ella un ámbito de pensamiento y sentimiento en nuestro interior. Entonces vendrá, y si la valoramos, se quedará.

Así pues, en español yo la llamo Río bajo el Río; La Mujer Grande; Luz del Abismo; La Loba o La Huesera.

En húngaro se llama Ö, Erdöben, Ella la de los bosques, y Rozsomák, el Tejón Hembra. En navajo es Na'ashjé'ii Asdzáá, La Mujer Araña que teje el destino de los seres humanos y los animales, las plantas y las rocas. En Guatemala, entre otros muchos nombres, es Humana de niebla, el Ser de la Niebla, la mujer que siempre ha existido. En Japonés es Amaterasu Omikami, La divinidad que trae toda luz y toda conciencia. En el Tibet se llama Dakini, la fuerza danzante que otorga clarividencia a las mujeres. Y la lista de nombres sigue. Ella sigue.

La comprensión de la naturaleza de esta Mujer Salvaje no es una religión sino una práctica. Es una psicología en su sentido más auténtico: psukhelpsiych, alma; ology o logos, conocimiento del alma. Sin ella, las mujeres carecen de oídos para entender el habla del alma o percibir el sonido de sus propios ritmos internos. Sin ella, una oscura mano cierra los ojos interiores de las mujeres y buena parte de sus jornadas transcurre en un tedio semiparalizador o en vanas quimeras. Sin ella, olvidan por qué razón están aquí, se agarran cuando sería mejor que se soltaran. Sin ella, toman demasiado o demasiado poco o nada en absoluto. Sin ella se quedan mudas cuando, en realidad, están ardiendo. Ella es la reguladora, el corazón espiritual, idéntico al corazón humano que regula el cuerpo físico.

Cuando perdemos el contacto con la psique instintiva, vivimos en un estado próximo a la destrucción, y las imágenes y facultades propias de lo femenino no se pueden desarrollar plenamente. Cuando una mujer se aparta de su fuente básica, queda esterilizada, pierde sus instintos y sus ciclos vitales naturales y éstos son subsumidos por la cultura o por el intelecto o el ego, ya sea el propio o el de los demás.



La Mujer Salvaje es la salud de todas las mujeres. Sin ella, la psicología femenina carece de sentido. La Mujer Salvaje es la mujer prototípica; cualquiera que sea la cultura, cualquiera que sea la época, cualquiera que sea la política, ella no cambia. Cambian sus ciclos, cambian sus representaciones simbólicas, pero en esencia ella no cambia. Es lo que es y ella es un todo.

Se canaliza a través de las mujeres. Si estas están aplastadas, ella las empuja hacia arriba. Si las mujeres son libres, ella también lo es. Afortunadamente, cuantas veces la hacen retroceder, ella vuelve a saltar hacia delante. Por mucho que se la prohíba, reprima, constriña, diluya, torture, hostigue y se le tache de insegura, peligrosa, loca y otros epítetos, ella vuelve a aflorar en las mujeres, de tal manera que hasta la mujer mas comedida guarda un lugar secreto para ella. Hasta la mujer mas reprimida tiene una vida secreta con pensamientos y sentimientos secretos lujuriosos y salvajes, es decir, naturales. Hasta la mujer mas cautiva conserva el lugar de su Yo salvaje, pues sabe instintivamente que algún día habrá un resquicio, una abertura, una ocasión y ella la aprovechara para huir.

Creo que todas las mujeres y los hombres han nacido con ciertos dones. Sin embargo, poco esfuerzo se ha dedicado en realidad a describir las vidas y los hábitos psicológicos de las mujeres inteligentes, talentosas y creativas. En cambio, se ha escrito mucho acerca de las debilidades y las flaquezas de los seres humanos en general y de las mujeres en particular. Pero, en el caso de la Mujer Salvaje como arquetipo, a fin de comprenderla, captarla y aprovechar lo que ella nos ofrece, debemos interesarnos más por los pensamientos, los sentimientos y los esfuerzos que fortalecen a las mujeres y debemos tener en cuenta los factores interiores y culturales que las debilitan.

En general, si entendemos la naturaleza salvaje como un ser por derecho propio que anima y conforma la más profunda existencia de una mujer, podremos empezar a desarrollarnos de una manera que jamás se hubiera creído posible. Una psicología que no consiga dirigirse a ese ser espiritual innato que habita en el centro de la psicología femenina no les sirve para nada a las mujeres y no les servirá tampoco a sus hijas ni a las hijas de sus hijas a lo largo de muchas generaciones por línea materna.



Por consiguiente, para poder aplicar una buena medicina a las partes enfermas de la psique salvaje, para poder corregir la relación con el arquetipo de la Mujer Salvaje, hay que identificar convenientemente los trastornos de la psique. Aunque en la profesión clínica disponemos de un buen manual estadístico diagóstico y una considerable cantidad de diagnósticos diferenciales así como de parámetros psicoanalíticos que definen las psicopatías a través de la organización (o ausencia de ella) de la psique objetiva y del eje ego-Yo, hay otras conductas y otros sentimientos definitorios que, desde el marco de referencia de una mujer, describen con enorme fuerza lo que ocurre.

¿Cuáles son algunos de los síntomas emocionales de una ruptura de la relación con la fuerza salvaje de la psique? Sentir, pensar o actuar crónicamente de alguna de las maneras que a continuación se describen es haber cortado parcialmente o haber perdido por entero la relación con la psique instintiva mas profunda. Utilizando un lenguaje exclusivamente femenino, dichos síntomas son: sentirse extremadamente seca, fatigada, frágil, deprimida, confusa, amordazada, abozalada, apática hasta el extremo. Sentirse asustada, lisiada o débil, falta de inspiración, animación, espiritualidad o significado, avergonzada, crónicamente irritada, voluble, atascada, carente de creatividad, comprimida, enloquecida. Sentirse impotente, crónicamente dubitativa, temblorosa, bloqueada, e incapaz de seguir adelante, ceder la propia vida creativa a los demás, hacer elecciones que desgastan ña vida al margen de los propios ciclos, sobreproteger el Yo, sentirse inerte, insegura, vacilante e incapaz de controlar el propio ritmo o de imponerse límites.

No empeñarse en seguir el propio ritmo, sentirse cohibida, lejos del propio Dios o de los propios dioses, estar separada de la propia revivificación, arrastrada hacia la domesticidad, el intelectualismo, el trabajo o la inercia por ser este el lugar más seguro para alguien que ha perdido sus instintos. Temor a aventurarse en solitario o revelarse, temor a buscar un mentor, una madre o un padre, temor a presentar un trabajo hasta que no se ha conseguido la perfección absoluta, temor a emprender un viaje, temor a interesarse por otro o por otros, temor a seguir adelante, huir o venirse abajo, rebajarse ante la autoridad, perder la energía en presencia de proyectos creativos, sentir encogimiento, humillación, angustia, entumecimiento, ansiedad.

Temor a reaccionar con agresividad cuando ya no queda nada más que hacer; temer probar cosas nuevas, enfrentarse con desafíos, hablar claro, oponerse; sentir nauseas, mareos, acidez estomacal, sentirse como cortada por la mitad o asfixiada; mostrarse conciliadora o excesivamente amable, vengarse.

Temor a detenerse o actuar, contar repetidamente hasta tres sin decidirse a empezar, tener complejo de superioridad, ambivalencia, y sin embargo, estar totalmente capacitada para obrar a pleno rendimiento. Estas rupturas no son una enfermedad de una era o un siglo sino que se convierten en una epidemia en cualquier lugar y momento en que las mujeres estén cautivas, en todas las ocasiones en que la naturaleza salvaje haya caído en una trampa.



Una mujer sana se parece mucho a una loba: robusta, colmada, tan poderosa como la fuerza vital, dadora de vida, consciente de su propio territorio, ingeniosa, leal, en constante movimiento. En cambio, la separación de la naturaleza salvaje provoca que la personalidad de una mujer adelgace, se debilite y adquiera un carácter espectral y fantasmagórico. No estamos hechas para ser unas criaturas enclenques de cabello frágil, incapaces de pegar un salto, de perseguir, dar a luz y crear una vida. Cuando las vidas de las mujeres se quedan estancadas o se llenan de aburrimiento, es hora de que emerja la mujer salvaje; es hora de que la función creadora de la psique inunde el delta.

¿Como influye la mujer salvaje en las mujeres? Teniéndola a ella por aliada, jefa, modelo y maestra, vemos no a través de dos ojos sino a través de los ojos de la intuición, que tiene muchos. Cuando afirmamos nuestra intuición somos como la noche estrellada: contemplamos el mundo a través de miles de ojos.


La naturaleza salvaje acarrea consigo los fardos de la curación; lleva todo lo que una mujer necesita para ser y saber. Lleva la medicina para todas las cosas. Lleva relatos, sueños, palabras, cantos signos y símbolos. Es al mismo tiempo el vehículo y el destino. Unirse a la naturaleza instintiva no significa deshacerse, cambiarlo todo de derecha a izquierda, del blanco al negro, trasladarse del este al oeste, comportarse como una loca sin control. No significa perder las relaciones propias de una vida en sociedad o convertirse en un ser menos humano. Significa justo lo contrario, ya que la naturaleza salvaje posee una enorme integridad.

Significa establecer un territorio, encontrar la propia manada, estar en el propio con certeza y orgullo, cualesquiera que sean los dones y las limitaciones físicas, hablar y actuar en nombre propio, ser consciente y estar en guardia, echar mano de las innatas facultades femeninas de la intuición y la percepción, recuperar los propios ciclos, descubrir que lugar le corresponde a una, levantarse con dignidad y conservar la mayor conciencia posible.


El arquetipo de la Mujer Salvaje y todo lo que esta representa es la patrona de todos los pintores, escritores, escultores, bailarines, pensadores, inventores de plegarias, buscadores, descubridores, pues todos ellos se dedican a la tarea de la invención y esta es la principal ocupación de la naturaleza instintiva. Como todo arte, reside en las entrañas, no en la cabeza. Puede rastrear y correr, convocar y repeler. Puede percibir, camuflarse y amar profundamente. Es intuitiva, típica y respetuosa con las normas. Es absolutamente esencial para la salud mental y espiritual de las mujeres.

Por consiguiente, ¿que es la Mujer Salvaje? Desde el punto de vista de la psicologia arquetípica y también de las antiguas tradiciones, ella es el alma femenina. Pero es algo más; es el origen de lo femenino. Es todo lo que pertenece al instinto, a los mundos visibles y ocultos... es la base. Todas recibimos de ella una resplandeciente célula que contiene todos los instintos y los saberes necesarios para nuestras vidas.



...Es la fuerza Vida/Muerte/Vida, es la incubadora. Es la intuición, es la visionaria, la que sabe escuchar, es el corazón leal. Anima a los seres humanos a ser multilingües; a hablar con fluidez los idiomas de los sueños, la pasión y la poesía. Habla en susurros desde los sueños nocturnos, deja en el territorio del alma de una mujer un áspero pelaje y unas huellas llenas de barro. Y ello hace que las mujeres ansíen encontrarla, liberarla y amarla.

Es todo un conjunto de ideas, sentimientos, impulsos y recuerdos. Ha estado perdida y medio olvidada durante muchísimo tiempo. Es la fuente, la luz, la noche, la oscuridad, el amanecer. Es el olor del buen barro y la pata trasera de la raposa. Los pájaros que nos cuentan los secretos le pertenecen. Es la voz que dice: "Por aquí, por aquí".

Es la que protesta a voces contra la injusticia. Es la que gira como una inmensa rueda. Es la hacedora de ciclos. Es aquella por cuya búsqueda dejamos nuestro hogar. Es el hogar al que regresamos. Es la lodosa raíz de todas las mujeres. Es todas las cosas que nos inducen a seguir adelante cuando pensamos que estamos acabadas. Es la incubadora de las pequeñas ideas sin pulir y de los pactos. Es la mente que nos piensa; nosotras somos los pensamientos que ella piensa.

¿Dónde está? ¿Donde la sientes, donde la encuentras? Camina por los desiertos, los bosques, los océanos, las ciudades, los barrios y los castillos. Vive entre las reinas y las campesinas, en la habitación de la casa de huéspedes, en la fábrica, en la cárcel, en las montañas de la soledad. Vive en el gueto, en la universidad y en las calles. Nos deja sus huellas para que pongamos los pies en ellas. Deja huellas donde quiera que haya una mujer que es tierra fértil.

¿Dónde vive? En el fondo del pozo, en las fuentes, en el éter anterior al tiempo. Vive en la lágrima y en el océano, en la savia de los árboles. Pertenece al futuro y al principio del tiempo. Vive en el pasado y nosotras la llamamos. Esta en el presente y se sienta a nuestra mesa, esta de nosotras cuando hacemos cola y conduce por delante de nosotras en la carretera. Esta en el futuro y retrocede en el tiempo para encontrarnos.

Vive en el verdor que asoma a través de la nieve, vive en los crujientes tallos del moribundo maíz del otoño, vive donde vienen los muertos por un beso y en el lugar al que los vivos envían sus oraciones. Vive donde se crea el lenguaje. Vive en la poesía, la percusión y el canto. Vive en las negras y en las apoyaturas y también en la cantata, en una sextina y en el blues. Es el momento que precede al estallido de la inspiración. Vive en un lejano lugar que se abre paso hasta nuestro mundo.

La gente podría pedir una demostración o una prueba de su existencia. Pero lo que pide esencialmente es una prueba de la existencia de la psique. Y, puesto que nosotras somos la psique, también somos la prueba. Todas y cada una de nosotras somos la prueba no sólo de la existencia de la Mujer Salvaje sino también de su condición en la comunidad. Nosotras somos la prueba de este inefable numen femenino. Nuestra existencia es paralela a la suya.

Las experiencias que nosotras tenemos de ella, dentro y fuera, son las pruebas. Nuestros miles de millones de encuentros intrapsícicos con ella a través de nuestros sueños nocturnos y nuestros pensamientos diurnos, a través de nuestros anhelos y nuestras inspiraciones, nos lo demuestran. El hecho de que nos sintamos desoladas en su ausencia y que la echemos de menos y anhelemos su presencia cuando estamos separadas de ella es una manifestación de que ella ha pasado por aquí...

Hice el doctorado en psicología etnoclínica, que es el estudio tanto de la psicología clínica como de la etnología, esta última centrada sobre todo en el estudio de la psicología de los grupos y de las tribus en particular. Obtuve un diploma en psicología analítica, que es el que me califica como psicoanalista junguiana. Mi experiencia vital como cantadora/mesemondó, poeta y artista me inspira también en mi trabajo con las personas que se someten a psicoanálisis.

A veces me preguntan qué hago en mi consulta para ayudar a las mujeres a recuperar su naturaleza salvaje. Doy mucha importancia a la psicología clínica y la psicología del desarrollo y para curar utilizo el ingrediente más sencillo y accesible: los relatos. Examinamos el material de los sueños de la paciente, que contiene muchos argumentos y narraciones. Las sensaciones físicas y los recuerdos corporales de la paciente también son relatos que se pueden leer y llevar a la conciencia.



Enseño además una modalidad de poderoso trance interactivo muy parecido a la imaginación activa de Jung... lo cual da lugar también a unos relatos que contribuyen a aclarar el viaje psíquico de la paciente. Hacemos aflorar a la superficie el Yo salvaje por medio de preguntas concretas y del examen de cuentos, leyendas y mitos. La mayoría de las veces, tras un tiempo, acabamos por encontrar el mito o el cuento de hadas que contiene toda la instrucción que necesita una mujer para su desarrollo psicológico. Estas historias cotienen el drama espiritual de la mujer. Es algo así como una obra teatral con instrucciones escénicas, representación y atrezo.

El "oficio de hacer" constituye una parte importante de mi trabajo. Trato de conferir fuerza a mis pacientes, enseñándoles los antiquísimos oficios manuales... entre ellos, las artes simbólicas de la creación de talismanes, las ofrendas y los retablos, que pueden ser cualquier cosa, desde unos simples palillos envueltos en cintas hasta una complicada escultura. El arte es importante, pues evoca estaciones del alma o algún acontecimiento especial o trágico del viaje del alma. El arte no es sólo para una misma, no es un jalón en la propia comprensión. Es también un mapa para las generaciones venideras.

Como es natural, el trabajo con cada paciente se realiza de forma personalizada, pues no cabe duda de que cada persona es distinta. Pero en mi trabajo con las pacientes estos factores son siempre los mismos y constituyen el fundamento del trabajo de todos los seres humanos que los han precedido, de mi propio trabajo y también del vuestro. El arte de las preguntas, el arte de los cuentos, el arte manual, son todos produducto de algo y este algo es el alma. Cada vez que alimentamos el alma, garantizamos su desarrollo.

Espero que se percaten de que esos son los medios tangibles para suavizar antiguas cicatrices, sanar viejas heridas y enfocar de otro modo las cosas y de que, al recuperar los oficios añejos, se consigue, de una manera práctica, hacer visible el alma.

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Los cuentos son una medicina. Me sentí fascinada por ellos desde que escuché el primero. Tienen un poder extraordinario; no exigen que hagamos, seamos o pongamos en práctica algo: basta con que escuchemos. Los cuentos contienen los remedios para reparar o recuperar cualquier pulsión perdida. Los cuentos engendran emociones, tristeza, preguntas, anhelos y comprensiones que hacen aflorar espontáneamente a la superficie el arquetipo, en este caso, de la Mujer Salvaje.

Los cuentos están repletos de instrucciones que nos guían en medio de las complejidades de la vida. Los cuentos nos permiten comprender la necesidad de recobrar un arquetipo sumergido y los medios para hacerlo. Los cuentos de las páginas siguientes son, de entre los centenares que he estudiado y con los que he trabajado a lo largo de varias décadas, los que, a mi juicio, más claramente expresan la riqueza del arquetipo de la Mujer Salvaje.



A veces, varias capas culturales desdibujan el núcleo de los cuentos. Por ejemplo, en el caso de los hermanos Grimm (entre otros recopiladores de cuentos de hadas de los últimos siglos), hay poderosas sospechas de que sus confidentes (narradores de cuentos) de aquella época "purificaron" los relatos para no herir la suceptibilidad de los piadosos hermanos. A lo largo del tiempo, se superpusieron a los viejos símbolos paganos otros de carácter cristiano, de tal forma que el viejo curandero de un cuento se convirtió en una perversa bruja, un espíritu se transformó en un ángel, un velo de iniciación en un pañuelo o una niña llamada Bella (el nombre habitual de una criatura nacida durante el solsticio de verano) se rebautizó con el nombre de Schmerzenreich, Apenada. Los elementos sexuales se eliminaban. Las amables criaturas y animales se transmutaban a menudo en demonios y cocos.

De esta manera se perdieron muchos relatos didácticos sobre el sexo, el amor, el dinero, el matrimonio, el nacimiento, la muerte y la transformación. De esta manera se borraron también los cuentos de hadas y los mitos que explican los antiguos misterios de las mujeres. Casi todas las viejas colecciones de cuentos de hadas y mitos que hoy en día se conservan se han expurgado de todo lo escatológico, lo sexual, lo perverso (incluso las advertencias contra todas estas cosas), lo precristiano, lo femenino, las diosas, los ritos de iniciación, los remedios para los distintos trastornos psicológicos y las instrucciones para los arrobamientos espirituales.

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Nuestro contacto con la naturaleza salvaje nos impulsa a no limitar nuestras conversaciones a los seres humanos, ni nuestros movimientos más espléndidos a las pistas de baile, ni nuestros oídos sólo a la música de los instrumentos creados por la mano del hombre, ni nuestros ojos a la belleza "que nos ha sido enseñada", ni nuestro cuerpo a las sensaciones autorizadas, ni nuestra mente a aquellas cosas sobre las cuales ya estamos todos de acuerdo. Todos estos cuentos presentan el filo de la interpretación, la llama de la vida apasionada, el aliento para hablar de lo que una sabe, el valor de resistir lo que una ve sin apartar la mirada, la fragancia del alma salvaje.

Éste es un libro de cuentos de mujeres que se ofrece como señales a lo largo del camino. Puedes leerlos y meditarlos a fin de que te guíen hacia la libertad adquirida por medios naturales, hacia el interés por tí misma, los animales, la tierra, los niños, las hermanas, los amantes y los hombres. Quiero decirte de entrada que las puertas que conducen al mundo del Yo salvaje son pocas pero valiosas. Si tienes una profunda herida, eso es una puerta. Si ansías una vida más profunda, colmada y sensata, eso es una puerta.

El material de este libro se eligió con el propósito de darte ánimos. La obra pretende ser un reconstituyente tanto para las que ya están en camino, incluyendo las que avanzan penosamente por difíciles paisajes interiores, como para las que luchan en el mundo y por el mundo. Tenemos que esforzarnos para que nuestras almas crezcan de forma natural y alcancen sus profundidades naturales. La naturaleza salvaje no exige que una mujer sea de un determinado color, tenga una determinada educación y un determinado estilo de vida o pertenezca a una determinada clase económica... De hecho, no puede desarrollarse en una atmósfera de obligada corrección política ni puede ser doblada para que encaje en unos moldes caducos. Se desarrolla con la mirada pura y la honradez personal. Se desarrolla con su propia manera de ser.

Por consiguiente, tanto si eres introvertida como si eres extrovertida, una mujer amante de la mujer, una mujer amante del hombre o una mujer amante de Dios o las tres cosas a la vez, tanto si tienes un corazón sencillo como si eres tan ambiciosa como una amazona, tanto si quieres llegar a la cima como si te basta con seguir tirando hasta mañana, tanto si eres alegre como si eres de temperamento melancólico, tanto si eres espléndida como si eres desconsiderada, la Mujer Salvaje te pertenece. Pertenece a todas las mujeres.

Para encontrarla, las mujeres deben regresar a sus vidas instintivas, a sus más profudos conocimientos. Por consiguiente, pongámonos en marcha ahora mismo y volvamos a recordar nuestra alma salvaje. Dejemos que su carne vuelva a cantar en nuestros huesos. Despojémonos de todos los falsos mantos que nos han dado.

Cubrámonos con el verdadero manto del poderoso instinto y la sabiduría. Penetremos en los territorios psíquicos que antaño nos pertenecieron. Deserollemos las vendas, preparemos la medicina. Regresemos ahora mismo como mujeres salvajes que aúllan, se ríen y cantan las alabanzas de Aquella que tanto nos ama.

Para nosotras la elección no ofrece duda. Sin nosotras, la Mujer Salvaje muere. Sin la Mujer Salvaje, nos morimos nosotras. Para la Vida, para la verdadera vida, ambas tenemos que vivir."

Así comienza "Mujeres que corren con los lobos". Su autora es Clarisa Pinkola Estés, una psicoanalista junguiana, contadora de cuentos y guardiana de antiguos cuentos de la tradición americana. Para mí es como la nueva Biblia para las mujeres que interesadas en profundizar en sus vidas. Es un libro poderoso, mágico y sanador, sobre psicología femenina. Nos explica todos los peligros que una mujer encuentra en el camino de regreso hacia su propio instinto. Este libro es un tesoro que nos explica porqué muchas de las costumbres ancestrales, los mitos interculturales y los cuentos de hadas tienen sentido en este sendero que lleva al conocimiento de nuestra alma. Nos enseña que todos tenemos nuestro lado femenino y masculino, que la vida siempre está cargada de muerte y la muerte está plena de vida. Trata de como recuperar nuestra esencia salvaje, nuestra intuición, brinda claves para interpretar nuestros sueños, es un libro para sanar nuestras heridas y asumir nuestras cicatrices sin perder la fuerza. Es un libro que ayuda a mejorar nuestras relaciones con la familia, con nuestras parejas y amantes, nos explica cómo recuperar el lugar que nos ha sido arrebatado a las mujeres desde hace tanto tiempo. Nos muestra el camino para librarnos todas las ataduras y volver a ser lo que fuimos hace siglos: mujeres fuertes, guerreras que podíamos sobrevivir a cualquier ambiente e incluso ir a las guerras a pelear, mujeres dueñas de tierras y propiedades sobre las que los hombres no tenían derecho administrar ni a hacer suyas, mujeres que éramos el eje de la familia, que educábamos a los hijos y los cuidábamos, que gobernábamos, que construíamos comunidades, que hacíamos todo lo que hacen hoy en día los hombres. Nos conecta con aquel tiempo en el que se consideraba que Dios era Mujer y ella podía crear vida y hacerla crecer. Como madre Tierra la Diosa regía la fertilidad, la luna, sus ciclos, la lluvia, las cosechas, los animales, la luz, la oscuridad, la lluvia, la inspiración creativa, la inteligencia, la audacia, la prudencia, la vida y la muerte.



Este libro nos ayuda a conectar con la naturaleza cíclica que nos rige, a cuidar y aprovechar nuestros dones innatos, nuestro poder, nuestra creatividad, nos enseña a ir hacia nuestro centro más auténtico, para poder actuar desde nuestra sabiduría ancestral. En sus propias palabras: "Unirse a la naturaleza instintiva no significa deshacerse, cambiarlo todo. No significa perder las relaciones propias de una vida en sociedad o convertirse en un ser humano. Significa establecer un territorio, encontrar la propia manada, estar en el cuerpo con certeza y orgullo, cualesquiera que sea los dones o las limitaciones físicas"